una sátira
( 2006)
Es posible que algunos personajes y situaciones de esta historia tengan ciertas similitudes con la realidad.. Deberán adjudicarse pura y exclusivamente a la literatura que logra que situaciones inventadas y disparatadas sean imitadas por la vida real.
Prólogo
Algunas historias se han contado sobre aquellos turbulentos días. No habiendo encontrado en ninguna de ellas ni la veracidad de los hechos, ni la pasión de sus protagonistas, es que decido contar mi versión. Seré fiel en la medida en que los recuerdos no me traicionen y ateniéndome a los apuntes, papeles, entrevistas y relatos que obtuve, o me fueron confiados.
Mi nombre es Lorenzo Portela y en esa época era un modesto periodista de provincia, que involuntariamente, fue testigo privilegiado de una catástrofe que cayó sobre la Córdoba de la Nueva Andalucía.
En esa primera década del siglo XXI, Córdoba no era la ciudad que había soñado ser. De pretender ser la Barcelona argentina en los 80, había pasado a conformarse con administrar ese pulmón de cemento ruidoso y sucio en el que estaba atrapada. Con plazas y parques descuidados, fuentes sin agua ni ornamentos, con calles y aceras rotas, en las que pululaban por igual, autos importados, carros tirados por famélicos caballos, colectivos ruinosos, motocicletas descascaradas y otras especies rodantes, que sabe dios cómo lograban ponerse en marcha.
Miles de vendedores ambulantes, mendigos y ladrones, desde horas tempranas y hasta bien entrada la madrugada, pululaban en plazas y avenidas para conseguir su ración diaria de supervivencia.
La ciudad no poseía el encanto de antaño: ya no era la Córdoba industrial, ya no era la Córdoba universitaria, no era la Córdoba de la primavera democrática y de las grandes convulsiones políticas. Se había transformado en aquello que nunca imaginó ser: una ciudad tercermundista, en la que podía palparse en cada talle los vestigios de un país que había perdido el norte.
Repleta de políticos indecentes, corruptos e ineficaces; de periodistas mediocres y populistas; de artistas conformistas, de clubes deportivos en bancarrota y con la música de cuartetos y cumbias como su banda sonora, la ciudad se había convertido en la conservadora aldea provinciana que siempre había estado oculta debajo de su traje cosmopolita y progresista.
Así era la Córdoba del Gobernente : pequeña, egoísta, soberbia, a menudo violenta, y melancólica. En aquella Córdoba ocurrieron aquellos extraordinarios sucesos.
Si lo cuento ahora, algunos años después, es para no olvidarme del todo, y para que quede en el recuerdo como testimonio de aquellos tiempos de locura, de insensatez y fantasía.
Isla de los Patos, primavera de 2012
Capítulo 1
De cómo el Gobernente pronunció aquel maravilloso discurso
Marzo apuraba sus últimos días. La tarde era hermosa, aunque muy calurosa, como fue, particularmente ese verano. Mi diario me había enviado a cubrir una de las tantas inauguraciones públicas a las que nos tenía acostumbrado el Gobernente .Hubiera sido la cobertura de una actividad oficial mas, de no haber mediado uno de los actos más absurdos, delirantes y singulares de cuantos se tenían memoria en el hemisferio occidental.
Recuerdo que el Gobernente se encontraba en medio de una avenida, inaugurando el árbol número 3.250.000 que su gestión acababa de sembrar. Se lo veía extremadamente eufórico y triunfalista. Era tanta su felicidad y arrogancia que nada hacía presagiar que sería ese el comienzo de su final.
Como era usual, los medios de prensa y el gentío asistían al acto.
El Gobernente estaba acompañado por el séquito de costumbre: su señora esposa, su novia, sus asesores, el jefe de prensa, los asistentes del jefe de prensa, ministros, funcionarios, autoridades eclesiásticas, militares, invitados, dirigentes sindicales, políticos, y por supuesto, los colados de siempre, que pugnaban por estar lo más cerca del palco, aunque les fuera la vida, o al menos una pierna al intentarlo.
Transcribo textualmente la grabación de las palabras del Gobernente:
“Gracias queridos cordobeses. Estoy muy contento de estar aquí junto a ustedes, en este trabajo continuo por nuestra provincia. Lo he dicho muchas veces en los últimos días, pero quiero decirlo una vez más. Gracias por el apoyo de siempre, gracias porque es la prueba de que no solo hemos hecho las cosas bien, sino super bien, porque tantos años ya en el poder, no solo no nos han perjudicado, sino que nos han dado más fuerzas para seguir adelante, buscando nuevos caminos y nuevos desafíos.
( aplausos)
Es una alegría también éste momento, no sólo por haber llegado a los tres millones doscientos cincuenta mil árboles plantados desde que soy gobernente, sino, porque dicho así, parece una mera cifra, una fría estadística, pero no lo es. Son tres millones doscientos cincuenta mil árboles, que embromar.
Algo así como mil millones de hojas, quinientos millones de metros cuadrados de fresca sombra, doscientos millones de hormiguitas que tendrán corteza buena para comer; miles de millones de raíces nuevas que sembrarán la tierra de savia fresca.
Por eso estoy contento, emocionado y contento, porque significa que aquella tarea que comenzamos hace tiempo, sembrando cipreses en un baldío al norte de la provincia de Córdoba, es hoy bien digo, un bosque frondoso y enorme que cubre la provincia, pero principalmente la ciudad, y la oxigena por las noches para regocijo de los vecinos. Aquella utopía verde, que me planteé hace varios años, es hoy una hermosa realidad, mis queridos cordobeses.”
( más aplausos)
“Ya sé que tengo detractores, y muchos de ustedes estarán pensando sobre la tontería de sembrar un ombú en medio de la avenida Gral. Paz, pero después de haberlo meditado durante mucho tiempo con mi gabinete, llegamos a la conclusión de que es todo un ejemplo para el mundo, todo un símbolo, que justamente un árbol invada la ciudad, precisamente cuando la tendencia es todo lo contrario: que el cemento se devore lo verde. Puede resultar incómodo ahora, pero ya se acostumbrarán, todos somos animales de costumbres.
Además los símbolos, llegado un momento son una incomodidad, y éste no será una excepción.
Estoy orgulloso de todos nosotros, porque hemos llegado a esto, a convertir a Córdoba en una ciudad del siglo XXI, una ciudad con el sol más hermoso del mundo, con el aire más limpio del mundo, con los pájaros más alegres del mundo, y al mismo tiempo, hemos convertido a Córdoba en una ciudad con la sombra más generosa que pueda encontrarse. Y eso es para festejarlo.
¡ Aplausos por favor !
El gentío, recuerdo, vibró con las palabras del Gobernente y todo era una auténtica fiesta, todo era júbilo, hasta que llegó el episodio que si bien no llegó a mitigar el entusiasmo, alcanzó para sembrar algunas dudas sobre su verdadero estado mental. Con el tiempo, ese episodio se conocería popularmente como el Año en que nos volvimos definitivamente locos.
Lo cierto es que no se sabe si por el fervor popular, por los años que ya hacían mella en su humanidad, por secuelas de algunas intervenciones quirúrgicas, o sencillamente porque lo tenía pensado, eso nunca se sabrá realmente, lo cierto es que el Gobernente realizó aquel famoso anuncio:
“He estado reflexionando mucho mis queridos cordobeses, y he llegado a la conclusión de que haré algo que me hará entrar de lleno en la historia, no ya de Córdoba y Argentina, sino en la historia del Mundo Contemporáneo”.
(La grabación registra un ¡oohhhhhhhhhh! de la muchedumbre tan profundo, que es un gusto escucharlo una y otra vez)
“He decidido, luego de meditarlo largamente con mis asesores de mayor confianza, como una manera de terminar esta última etapa como Gobernente, y antes, si la suerte me acompaña, de ser Presidente de la República, he decidido, repito, para despedirme, realizar un proyecto que llevará a Córdoba al peldaño más alto de Occidente…”
Me acuerdo de la gente en esos momentos: estaba extasiada, pendiente de las palabras de su líder. Sus asesores en cambio no salían del asombro: no recordaban haber tratado nada lo suficientemente importante en los últimos meses. Los periodistas se agolpaban bajo el escenario para registrar el momento. La televisión transmitía las imágenes a todos los rincones del país. En fin, que aquello era un hervidero, uno de esos momentos destinados a ser recordados con letra negrita en los manuales de estudio.
El Gobernente, hábil en el manejo de la masa, mantuvo el suspenso unos segundos, buscó la mano de su esposa, la apretó fuerte y dijo:
“He decidido adelantar los festejos por el Quinto Centenario de la Fundación de la Ciudad de Córdoba. Por decreto de mi gobierno, en lugar de celebrarse en el año 2073, el Quinto Centenario se festejará el 6 de julio del año que viene, para que todos y cada uno de los cordobeses que viven actualmente en esta bella ciudad y que posiblemente en esa fecha estén muertos, no se pierdan el mayor espectáculo del mundo, el mayor cumpleaños que una ciudad haya tenido jamás…. Y mi gobierno junto a ustedes, queridos cordobeses, hará posible ese festejo, para que todo el mundo hable de nosotros”.
Eso fue lo que dijo el Gobernente. Lo dijo sin que se le moviera un pelo, sin un rictus de nerviosismo en su rostro, sin ápice de dudas.
¿Qué porqué hizo semejante anuncio ? Todavía hoy es motivo de disputas. Algunos dicen que por sus ambiciones de gloria; otros que por consejos de su esposa, y otros, menos académicos, que por el calor reinante esa tarde. Sea lo que fuera, lo dicho, dicho estuvo y fue el comienzo de su final y de buena parte de la ciudad de Córdoba.
En los primeros segundos posteriores a esas palabras hubo un silencio profundo, como si se hubieran apagado todos los ruidos. Fue muy breve, porque enseguida el locutor oficial comenzó a aplaudir, a vitorear al Gobernente y a invitar a la gente a que aprobara con aplausos tamaña decisión. Entonces la multitud prorrumpió en un estruendoso aplauso que parecía no tener fin.
Aún me acuerdo de esos aplausos, me acuerdo, porque era el único que no aplaudía.
No podía creer lo que acababa de escuchar, pero era más cierto que el cielo y las nubes.
Unos minutos después, cuando el mismo Gobernente lo repetía en la radio, en el programa “Unidos”, confirmé que no había soñado y que estábamos a punto de vivir un episodio que habría de humillar la imaginación del finado Julio Verne.
Capítulo 2
Donde El Gobernente se reúne con su Corte de Estupefactos Asesores
El episodio, como se imaginarán, corrió como un reguero de pólvora por toda la ciudad, el país y hasta llegó a ser noticia en alguno de los diarios más influyentes del mundo.
Si lo que quería era prensa, el Gobernente lo había conseguido sobradamente, aunque es justo afirmar que la mayoría de los medios no vieron con buenos ojos semejante decisión. Cito solo dos casos: el madrileño diario El País tituló: Gobernador argentino decide adelantar la historia. Con menos formalidad, el sensacionalista diario inglés The Sun, escribió a toda página: Candidato a presidente argentino se vuelve loco.
Lo cierto es que una vez lanzada la propuesta, no había posibilidades de marcha atrás, o sí la había, no se la tuvo en cuenta. Al fin y al cabo era la palabra de un popular político que aspiraba a ser presidente de Argentina, el país con mayor ego de toda América, y eso no era poca cosa.
La cuestión es que el siguiente capítulo se cocinó a fuego lento y moderado en el despacho del Gobernente, en la misma Casa de las Tejas, tal como se llamaba entonces a la Casa de Gobierno. Se la llamaba así por las Tejas que cubrían el techo y que ya no están, luego de los conocidos desastres que produjo el paso del huracán Olga, hace ya algunos años.
Los detalles de aquella reunión me fueron confiados por mi amigo Benito, el mozo más antiguo de aquel lugar, que estuvo presente en la reunión. Aún recuerdo sus palabras cuando decía que jamás había presenciado una conversación más disparatada, y eso que él confesaba haber estado en varias reuniones, a cual más delirante.
Transcribo, como si fuera la escena de una obra de teatro ( recurso que utilizaré también más adelante ) los detalles de aquella reunión:
Reunidos en el despacho, están el Gobernente, su esposa y miembros de su gabinete. Luego entra Benito, el Mozo Mayor de Casa de Gobierno, y confidente elegido por los gobernentes de turno. Sirve café para todos, medialunas y unas pastillas de color púrpura que varios funcionarios tomaban entonces para combatir la fatiga, el stress y la incomodidad de los viejos sillones. Entonces el jefe rompió el diálogo
Gobernente:
Nada, no tengo nada en mente Gustavo, ¿que querés que te diga, que te mienta ?
Gustavo, Secretario de Gobierno:
Pero JM ¿ si salís y decís que te equivocaste ? podés decir que eran los textos de una obra de teatro que estás ensayando para el Festival Latinoamericano, que se yo.
José , ministro de cultura:
O que se le traspapeló el discurso, jefe
Gobernente:
no me vengan con boludeces ahora. Tenemos un problema Houston y hay que resolverlo. Jamás vuelvo sobre mis pasos, está claro, y menos después de lo que dije.
Secretario de Gobierno:
Pero JM, se nos están cagando de risa todas las provincias. Ahora mismo el Presidente me preguntó por teléfono que con qué mierda te estás dando ?
Gobernente:
Que se jodan las provincias y el presidente, que se jodan; ya verán de lo que soy capaz.
Una vez que hagamos esa fiesta, el camino a la Casa Rosada será facilísimo….ya lo decía mi abuela, fácil como cocer y cantar….como cocer y cantar… muchachos.
Benito, el mozo:
perdón señor, pregunto nomás, ¿ porqué se le ocurrió decir una cosa semejante ?… quiero decir…que podría haber dicho una locura menos comprometedora.
Esposa del Gobernente:
calláte Benito, no empecés con tus reproches… que te veo venir
José, Ministro de cultura:
algo hay que hacer.
Ministro de Economía:
fantástico, con tus razonamientos vamos a encontrar la solución.
Ministro de cultura:
bueno, no nos pongamos en duro, porque sino hay palos para varios acá. Digo que algo hay que hacer, porque lo que usted dijo señor Gobernente es una cosa un poca grossa....
Secretario de gobierno:
grossa, te quedaste chico, es un quilombo JM, nos metiste en un quilombo padre.
Esposa:
bueno, chito boca muchachos. Los que no estén a la altura de las circunstancias que se vayan a la mierda ahora mismo: no hay lugar para cagones en el reino de mi marido.
Gobernente:
la cosa ya está en marcha, y creo que va a ser algo grandioso. No tengo ni puta idea de lo que tenemos que hacer, pero lo que sea debe ser maravilloso, algo nunca visto, algo que los haga caer de culo a todos, y cuando digo a todos, digo a todos.
Benito:
¿ incluso a su madre, señor ?
Gobernente:
incluso a mi madre, Benito; ya verá ella quien es su hijo. Se sentirá orgullosa de mí.
Esposa ( mirando a todos con cara de rotweiller)
¿ y bueh, están en esta o no ?
Ministro de Economía:
¿ tenemos alternativas ?
Esposa:
sí, el que diga algo en contra va a terminar sus últimos días como intendente de Malagueño con 300 pesos de presupuesto.
Secretario de Gobierno:
Estamos todos en esto, señora.
Ministro de Cultura:
¡! tengo una idea ¡!
Gobernente:
tené cuidado con lo que vas a decir Josecito, acordáte lo que pasó la última vez que dijiste eso.
Ministro de Cultura:
Señor…eso ya pasó, y fue hace tiempo
Ministro de Economía:
fue hace tiempo, pero todavía estoy pagando las cuentas.
Secretario de Gobierno:
Olvidémoslo y vayamos al grano.
Gobernente:
No se me ocurre nada de nada, estoy bloqueado, pero carajo, tampoco puedo estar en todo, ¿ para que mierda están ustedes, ah ? Ya demasiado con la idea que lancé, que quieren que encima sepa cómo hacerlo.
Esposa ( exultante)
Estuviste bien JM, estuviste brillante. Es cierto que se te fue un poquito la mano, pero ya estamos en el baile, y vamos a bailar de lo lindo.
Secretario de Gobierno:
¿ y vós que opinás Benito ? ¿ Cómo debiera la ciudad festejar sus 500 años ?
Benito:
Los 500 años, que se yo… No me esperaba ver los 500 años tan pronto, así que no sé… de todas maneras si se trata de festejar, a mi me parece que culeando. Todos en la calle, culeando, todos contra todos. ¿ No estaría mal no?, sobre todo teniendo en cuenta que se va a acabar el mundo ¿ Porqué se va acabar el mundo no ?
Gobernente:
¿ pero quien carajos te dijo semejante pavada ?
Benito:
lo ví en el Discovery Channel el otro día , que el mundo se iba a extinguir en ésta época más o menos, según unos enigmas de la Biblia.
Esposa:
deje de decir pavadas hombre y póngame mas leche al café.
Benito:
bueno, era una idea nomás.
Ministro de Cultura
mirándolo bien no estaría nada mal eso Benito, pero sería difícil de organizar.
Ministro de Economía:
Señores, lo que decidan hacer que sea con presupuesto cero, porque no hay un cobre partido por la mitad.
Gobernente:
Habrá presupuesto, aunque sea lo último que haga en mi vida.
Benito:
lo será
Esposa:
¿como dijiste Benito ?
Benito:
..una broma, señora, una broma nomás.
Ministro de Gobierno:
yo creo que hay que averiguar que hacen las grandes ciudades cuando cumplen años, y copiarles, aunque con un presupuesto acorde a nuestras posibilidades
Ministro de Economía:
O sea, una mierda, porque si nos atenemos a nuestras posibilidades, tenemos que copiarle a Resistencia o a Formosa
Esposa:
mi marido ha dicho que va a ver presupuesto, y lo habrá. No es ese el problema.
Tenemos que hacer algo grande, bien grande, que quede en la memoria de todos, algo que el día de mañana sea estudiado en los manuales, algo de lo que se hagan canciones y leyendas populares.
Secretario de Gobierno:
pero JM, ¿ no te habrás creído eso que dijiste que iba a ser el festejo que nunca jamás una ciudad ha tenido ?
Gobernente:
¿ Por qué no ? ¿ Por qué me decís que no ? ¿Porqué sos siempre tan negativo ?
Todos se miran con una mezcla de dudas y temor.
Gobernente:
bueno está bien, no podremos llegar a ser París, Berlín o Nueva York, pero podemos estar cerca, ¿ quién puede afirmar que no ? ¿Quien se atreve a decirme que no podemos hacer algo así ?
Benito :
yo.
Secretario de Gobierno:
¿Qué pasa Benito ? ¿Has desayunado con limones ?
Benito:
ustedes disculpen, pero yo me acuerdo de la fantochada de la otra vez allá en San Vicente, a la orilla del río, para el aniversario de Córdoba. O ustedes se han olvidado de esos indios disfrazados, y de Don Jerónimo Luis de Cabrera, que pobrecito mi alma, daba angustia el negro. Y hacían toda la payasada del acto fundacional. La gente se cagaba de risa, ¡y de frío ¡ ¡ No se acuerdan de eso ¡ Que al final no se podía ver nada por el humo de los choripanes.
Y la otra vez, cuando se propusieron para los Juegos Panamericanos y ofrecieron como Villa Olímpica la Isla Crisol. Tampoco se acuerdan cuando en la última velada de Gala hicieron la Misa Criolla interpretada por La Mona Jimenez, el Coro de Niños Cantores y el Ballet de la UOM. Fue un mocazo eso, señor Gobernente. Con el mayor de los respetos le digo. Y no sigo hablando más porque va sé para que se enojen y yo no estoy con ánimos de sembrar la ira en ustedes.
Gobernente:
varias veces me he preguntado porque carajos no te eché a la mierda hace años.
Benito:
porque soy el único que no deja quemar el café en toda La Casa de Gobierno, y además....
Todos a coro:
porque sós delegado
Benito:
exactamente...
Esposa
Bueno muchachos, traigan ideas y vemos como se soluciona esto.
Secretario de Gobierno:
personalmente creo que lo mejor sería designar un cómite, cuyo presidente podría ser yo, para que organice todo; y como primera propuesta de mi presidencia, sugiero que llamemos a los principales artistas de la ciudad para que elaboren proyectos. ¿Qué tal ?
Ministro de Cultura:
¿Son de fiar ?
Ministro de Economía:
¿Y vós lo preguntás ? ¿ Es tu área ?
Ministro de Cultura:
por eso digo...
Secretario de Gobierno:
envien un comunicado de prensa llamando a todos los que se consideren artistas y tengan ideas para el festejo del Quinto Centenario.
Esposa:
Asi lo llamaremos de ahora en más: ¡!!El Quinto Centenario!!!
Ministro de Economía:
ahora eso sí, que cueste poco, por favor
Ministro de Cultura:
costará lo que tenga que costar.
Esposa:
y más si es necesario.
Ministro de Cultura:
yo propongo que ese comité organizador sea pluralista, para que no nos critiquen por sectarios, ya saben como son esos cipayos de la contra.
Secretario de Gobierno:
quedáte tranquilo José, ese comité será un lujo, yo te aseguro que estarán todos ahí, la flor y nata de la ciudad.
Benito:
la flor y nata de Córdoba, esto no me lo pierdo por nada del mundo. ¡!Ojalá diosito me de vida para ver eso!!
Esposa:
ya está cabeza, ya te estás pasando. Va a ser algo impresionante. Digno de un hombre que muy pronto regirá los destinos del país.
Secretario de Gobierno:
y más todavía.
Ministro de Cultura:
yo tengo varias ideas, pero están todas juntas, las tendré que separar.
Benito:
que tengan suerte, la van a necesitar.
Ministro de Economía:
mire señor Gobernente que no hay un peso.
Gobernente:
tranquilo amigo mío, algún impuesto se me va a ocurrir.
Golpes de puerta. Entra una secretaria.
Secretaria:
Señor Gobernente, el señor Marcos Castagno ha llegado
Gobernente ( dirigiéndose a ella)
Por favor, que pase, que lo estamos esperando ansiosamente.
Esposa:
¿ quién carajos es Marcos Castaña ?
Gobernente:
Es un joven científico cordobés que ha hecho un descubrimiento maravilloso: la cafetera parlante, que tal eh ? No, si ya lo decía yo: bastan unos pocos años del movimiento en el poder y ya la ciencia argentina vuelve a brillar como en los viejos tiempos.
Secretario de gobierno :
¿ una cafetera parlante ?
Gobernente :
Un gran invento muchacho
Ministro de Cultura:
Si él pudo inventar eso, cómo no se nos va a ocurrir algo para los festejos
Esposa del Gobernente:
Eso digo yo, así que moviendo el culito y a trabajar, si quieren llegar a la Casa Rosada….!!a trabajar!!!….
Salen del despacho y al mismo tiempo entra Marcos Castaña, el inventor, rodeado de políticos y periodistas. El gobernente lo estrecha entre sus brazos.
Los aplausos y vítores de la corte que acompaña al joven científico inundan el lugar.
Capítulo 3
En el cual El Gobernente anuncia la creación del Gran Jurado
Con el tumulto y la expectativa como telón de fondo, Córdoba esperó con impaciencia los pasos siguientes que debían materializar aquel polémico anuncio del Gobernente. La ciudad era pasto de discusiones, de análisis, de desencuentros y euforias por semejante noticia, pero para asombro de algunos pocos, la idea de una gran fiesta por los 500 años iba tomando forma en el inconciente colectivo de los ciudadanos.
Con el tiempo muchos se sorprenderían de haber estado a favor de tal decisión, de haberse entusiasmado con semejante absurdo, pero ya era tarde para eso.
El siguiente capítulo tuvo como escenario, nada más y nada menos que la Cadena Oficial de Radiodifusión. El Gobernente anunció por radio y televisión, como si de una gran cuestión de estado se tratase ( en verdad lo era), la creación de un Comité pro Festejos del V Centenario, el lanzamiento de un concurso de proyectos artísticos y culturales para esos festejos, y la formación de un Jurado de Notables, que serían los encargados de evaluar las propuestas presentadas.
Pocas veces la televisión cordobesa tuvo tanto rating. Nadie quiso perderse las palabras de Gobernente.
En fin, que aquella noche se llamó a todos los ciudadanos de Córdoba a presentar proyectos para ser tenidos en cuenta a la hora de la Gran Fiesta del V Centenario; que los últimos 5 proyectos finalistas se debatirían en un concurso público; que un Jurado de Notables elegiría al ganador; que finalmente ése ganador sería el responsable de organizar los Festejos del Quinto Centenario. Y los más importante de todo: que el proyecto vencedor recibiría un premio de 200 millones de pesos para la producción del espectáculo. !! 200 millones de pesos!!. Ningún concurso en el mundo tenía semejante premio en metálico.
Ni bien terminó el discurso por televisión, la gente se echó a festejar. Nunca había visto tanto tumulto en las calles, a excepción claro, de cuando Argentina salió campeón en el 78 y el 86. Era una verdadera fiesta. Nadie sabía bien porqué, pero era una fiesta al fin, y cuando hay fiesta en la calle, nadie se hace preguntas.
Capítulo 4
Cuando la imaginación se apodera de la ciudad
Demás está decirles en lo que se convirtió Córdoba luego de aquel anuncio del Gobernente. Todos se creyeron llamados a formar parte de aquellos cinco privilegiados que, finalmente, habrían de mostrar su proyecto al Gran Jurado.
Fue entonces como de cada casa, de cada barrio, de cada precinto, de cada centro Cultural, de cada playón deportivo, de cada sociedad de fomento, de cada ONG, de cada comedor comunitario, de todas las aulas primarias, secundarias y universitarias, de cada taller literario, de cada altillo y sótano de la ciudad, surgieron de la noche a la mañana, artistas y creadores deseosos de presentar su proyecto y ganar el tentador premio de 200 millones de pesos.
Nadie trabajó por meses, nadie concurrió a clases, nadie realizó lo que habitualmente hacía hasta entonces. Córdoba se transformó en un inmenso laboratorio de estupideces, de ideas alocadas, de proyectos absurdos e inútiles, de esperanzadas utopías, y por supuesto de desesperanzas, de frustraciones y especialmente de pasiones desatadas. Porque entre tanto talento y adrenalina suelta, los amores y los engaños se multiplicaron por miles, provocando numerosos romances, divorcios y hasta decenas de muertes por episodios sentimentales.
Tentado estuve de presentarme al concurso con algunas ideas que tenía guardadas en una carpeta de proyectos inconclusos. Era todo tan contagioso, tanta la energía colectiva desatada que hacía difícil mantenerse al margen del entusiasmo, salvo que se fuera poseedor de un agudo sentido común, algo no muy frecuente por aquellos días.
Sin embargo no sucumbí a los encantos de sirena y eso me permitió estar atento a los hechos y las circunstancias. Quizás por eso puedo contarles en detalle lo que sobrevino después.
También colaboró mi amistad con Leopoldo y Erdosaín. Ellos me permitieron mantenerme alejado de algunas de las miles de cofradías que pergeñaban fascinantes proyectos y empresas.
Leopoldo y Erdosaín fueron la otra cara de la moneda. ¿Héroes, antihéroes, simples terroristas ? No seré yo quien los juzgue. Solo daré fe de mi simpatía por su causa, aunque reconozca que fueron demasiado lejos en sus planes.
Permitan que les cuente cómo entran en la historia
Capítulo 5
Donde 2 locos entran en la historia
Leopoldo y Erdosain tuvieron un papel extraordinario y relevante en la historia del Quinto Centenario, o mejor dicho, en el desenlace de los festejos del Quinto Centenario.
Fueron dos tipos claves, aunque nadie supo de ellos, y en la historia oficial no figuran para nada.
Yo estuve con ellos, los acompañé en su derrotero hacia el desastre, y hasta podría haber evitado lo que hicieron, pero no quise, o no supe. Solo me limité a ver lo que ocurría y a apuntar en mi libreta el devenir de los acontecimientos.
En aquella época, eran solamente dos tipos sentados a la orilla de La Cañada. Eran dos lúmpenes que sobrevivían en la ciudad; durmiendo en pensiones de mala muerte, bajo los puentes o en la puerta de los edificios. Leopoldo supo conocer una vida de bohemia y política en sus años de intelectual y escritor. Las vueltas de la vida lo habían reunido con Erdosain, un verdadero nadie. Un tipo de esos que no tienen futuro, ni presente y cuyo pasado era una mezcla borrosa de episodios desordenados.
Los unía la miseria, el amor por las tardes en La Cañada, y luego los uniría definitivamente, el espanto por los festejos del Quinto Centenario.
Leopoldo, mates de por medio, me contó de cuando decidieron convertirse en terroristas. Ambos estaban en La Cañada, justo en la esquina con la calle Rioja.
Leopoldo:
Hermoso día ¿ no ?
Erdosain:
sí, lástima que no tengo un mango.
Leopoldo:
pero que tiene que ver eso, el día es hermoso, eso no se compra con dinero.
Erdosain:
sí, quizás sea cierto, pero con guita en el bolsillo se aprecian mejor las cosas
¿ no te parece ?
Leopoldo:
no sé, en una de esas sí, pero el día es lindo.
Erdosain:
¿ alguna vez tuviste plata ?
Leopoldo :
¿ plata, cómo cuanto ?
Erdosain:
que se yo, plata, plata... que no la puedas gastar en media hora.
Leopoldo:
sí, una vez, me acuerdo que pillé un laburito en una revista y me pagaron bien. Siempre creí que debieron haberse equivocado... Esa vez, recuerdo que estaba muy contento, me parecía que podía comprarme lo que quisiera.
Erdosain:
es lo que te digo ¿ a qué caminabas por la calle con una pinta de langa total ?
Leopoldo:
Sí, claro...
Erdosain:
como diciendo, ustedes no lo ven, pero en éste bolsillo llevo un toco de guita y me compro lo que se me canta el culo si quiero: entro a una tienda y me compro un traje, entro a una heladería y me tomo un helado, entro al cine que mierda, dejo propina a los cieguitos de la peatonal, me compro dos diarios, que joder..... Eso es tranquilidad.
Leopoldo:
en fin...de todas maneras el día es hermoso.
Erdosain:
Y dale con el día. Ahora me doy cuenta porque estás acá como yo; ahora lo entiendo, si siempre sos tan optimista.
Leopoldo:
¿ acá cómo ?
Erdosain:
acá, en la ruina, en la miseria total, en pleno siglo XXI y más pobres que los indios comenchingones.
Leopoldo:
mucho más pobres: los comechingones al lado nuestro eran Borbones.
Erdosaín:
¿quienes ?
Leopoldo:
Nadie, Borbones....unos reyes.
Erdosaín:
en mi caso hasta lo entiendo, pero vos eras periodista, un escritor, todo un intelectual de la mente.
Leopoldo:
Tonterías.... no fuí nada de eso, por lo menos nunca fuí lo suficiente bueno como para diferenciarme del resto. La gente dice muchas cosas, pero en verdad, no fuí una mierda. Pero no me arrepiento de nada. Fuí lo que quise ser.
Erdosaín:
eso es algo, al menos. Yo nunca fui nada, y lo peor de todo es que no me dí cuenta hasta un día en que lo dijeron por la televisión.
Leopoldo:
¿Cómo ?
Erdosaín:
sí, fue en el noticiero de la noche, hace como dos años, me acuerdo como si fuera hoy. Los dos soyapas esos del Canal 12, leyeron un comunicado del gobierno que decía que todos los ciudadanos nacidos después del año 1964 no eran nada. Que no se gastaran en progresar mucho ni llegar a grandes cosas, porque no irían a ningún lado. Que estaba casi comprobado científicamente. Desde entonces me tiré al abandono.
Leopoldo:
¿ Y vós te creíste eso ? Semejante tontería?
Erdosaín:
Claro, ¿porque no? si además era cierto. Y los tipos lo explicaron bien eh… En fin...ya no importa. De todas maneras, creo que lo que me cagó a mi fue el nombre. Adonde mierda va ir un tipo que se llame Erdosaín.
Leopoldo:
¿Y cómo es que tus padres te pusieron ese nombre ? ¿Les gustaba Roberto Artl ?
Erdosaín:
no para nada, ellos no tenían ni puta idea del Arlt ese. Mi madre, pobrecita se opuso, pero ya era tarde: fue cosa de mi viejo.
Leopoldo:
entonces...
Erdosaín:
pasó que yendo para el registro civil dijo que me pondría el primer nombre que se le cruzara en el paso, y resulta que tropezó con una mina que iba leyendo Los 7 locos....y ahí fue cuando levantó el libro y justo vió ése nombre. ¿ Podés creer vós ?
Leopoldo:
¿ y sabés quién es Erdosain ?
Erdosain:
si leí el libro varias veces. Yo leo poco, pero a ese libro lo leí varias veces. Me cae bien ese tipo, aunque es una pena de perdedor.
Leopoldo:
todos somos algo perdedores.
Erdosain:
algunos más que otros, pero ya no me importa, no me queda más nada que perder, salvo éste lugarcito aquí en La Cañada.
Leopoldo:
uno de los más lindos. Las tardes se ven hermosas desde acá.
Erdosain:
eso es cierto, ahí te doy la razón. Espero que no la cambien, porque con esto de los festejos del Quinto Centenario, dicen que el loco del Gobernente quiere techar La Cañada con cristal para que los autos pasen por encima y para la gente los pueda ver de abajo. ¿ Podés creer semejante boludez ?
Leopoldo:
en serio ?
Erdosain:
en serio pelotudo, lo dijeron el otro día en la radio.
Leopoldo:
tapar La Cañada con cristales, es una locura.
Erdosain:
Un quilombo loco, no pueden dejarnos tranquilo acá, que tienen que venir a jodernos con esos curros; mirá, sabes lo que te digo, que estoy hasta los huevos con eso de los festejos del Quinto Centenario. Es más, odio todo lo que tenga que ver con eso.
Leopoldo:
¿ porqué ?
Erdosain:
porque es una tontería, es que nadie se da cuenta: festejar el Quinto Centenario como 70 años antes. Dejate de joder loco. Además no tengo ganas ni de cumpleaños ni de ver contento a nadie por más razón que haya.
Leopoldo:
eso es ser resentido Erdosaín.
Erdosaín:
y a mi que me importa. ¡Para festejos estoy yo!. Mirános, acá, tirados como perros. Nunca me imaginé que esto iba a ser así. Para festejar cumpleaños que no existen estoy yo. ¡No se van todos a la reputa madre que los parió!
Leopoldo:
en una de esas las cosas cambian
Erdosain:
vos sos un buen tipo Leopoldo, pero por ahí, sos medio pelotudo, me parece.
Leopoldo:
sí, puede ser. Lástima que me dí cuenta tarde.
Erdosain:
aunque mirándolo bien, en una de esas le cagó la fiesta a todos estos boludos que van a festejar lo del Quinto Centenario, para joder nomás, de mala leche.
Leopoldo:
tanta bronca tenés.
Erdosain:
mucha...al pedo nomás, pero estoy enculado...y ahora que lo pienso bien, eso voy a hacer de ahora en más.
Leopoldo:
¿ qué cosa ?
Erdosain:
cagarle la fiesta a todos
Leopoldo:
¿ y cómo ?
Erdosain:
no sé, algo se me va a ocurrir, pero no te creas que es difícil, si acá está todo atado con alambre. Yo que vivo en la calle lo veo clarito. Está todo atado con un putito alambre. Si se corta ese alambrito se vuelve a ir todo a la mierda. Te lo digo en serio.
Leopoldo:
¿Así que querés cagarle la fiesta a todos?
Erdosain:
Sí. Los voy a cagar a todos. Voy a hacer lo imposible para que esta ciudad tenga un cumpleaños de mierda. Ya vas a ver
Leopoldo:
¿ y eso cómo será ?
Erdosain:
no lo sé, algo se me va a ocurrir, ya te dije…ideas para joderles la fiesta no me van a faltar.
Leopoldo:
O sea, que querés ser el gran aguafiestas
Erdosain:
Si lo querés ver así, así es.
Leopoldo:
No es mala idea. Capaz que te dé una mano. Nunca es tarde para convertirse en terrorista.
Erdosain:
¿Terrorista?, es medio fuerte esa palabra. Me gusta más aguafiestas..
Leopoldo:
Es más linda, pero lo que vos querés hacer es un acto de sabotaje… de terrorismo, para decirlo bien y pronto.
Erdosaín:
Como te guste
Se quedan unos minutos en silencio
Leopoldo:
hermoso día ¿ verdad ?
Erdosain:
la verdad que tenés razón, lástima que no tengo un mango, si no me fumaría un habano.
Leopoldo:
¿ en serio ?
Erdosain:
nunca fumé ninguno, pero hoy me han dado ganas.
Leopoldo (sacando uno de su bolsillo):
pues mirá que casualidad: un amigo mío me regaló uno. ¿Que tal pascual ?
Erdosain:
a fumarlo carajo
Leopoldo:
A que hace una hermosa tarde ¿ verdad ?
Erdosain:
La verdad tenés razón, aunque lástima que no tengo un mango.
Leopoldo:
Y dale con los mangos.
Erdosaín ( aspirando suavemente)
Está rico el faso.
Leopoldo:
Es Montecristo, un habano cubano
Erdosaín:
Montecristo, mirá vos, como el Conde.
Leopoldo:
Eso es, un buen puro y una tarde en La Cañada. Que más se puede pedir.
Erdosaín ( tosiendo)
¿ Eso, eso… porqué le dirán puro si echa más humo que una fábrica ?
Leopoldo:
Por la pureza del tabaco, querido amigo… ¿Que bella tarde no ?
Erdosaín:
Si, la verdad que sí, es una hermosa tarde…aunque no tenga un mango.
Capítulo 6:
En el que se anuncia la creación de El Jurado de Notables
Con el correr de los días, Córdoba fue un inmenso laboratorio de ideas y proyectos. Nadie se mantuvo al margen del concurso. La de cosas que se imaginaron y se fraguaron por esos días. A tal punto llegó todo, que esa época figura en el Libro Guiness de los Récords, como el año en que se pensaron los mayores disparates por metro cuadrado. Todo un logro, que al fin y al cabo, pasó a engrosar la lista de acontecimientos notables en la historia de la ciudad.
Mientras tanto se conocieron los nombres que integraron el Jurado de Notables. Como bien había dicho el Gobernente por televisión, estaba la flor y nata de la ciudad. En bandós gigantes que fueron colgados en todas las calles, plazas y avenidas, podía leerse lo siguiente.
El excelentísimo Señor Gobernente de Córdoba resuelve que los integrantes del Jurado de Notables que fallará en el Concurso Para Los Festejos del V Centenario, sean los siguientes:
Efraín Visconti, escritor e historiador.
Por el ser el mas vecino de todos los vecinos. Por ser un hombre de grandes conocimientos y por haber sido testigo directo de buena parte de nuestra historia.
Pedro Frías Freytes:
Abogado, constitucionalista, hombre de leyes.
Por ser un representante cabal de la Docta Córdoba.
Sara Benitez:
Por ser la esposa, amante y compañera fiel del excelentísimo señor Gobernente.
Julian Cabrera Argañaraz: escritor y hombre de leyes.
Por ser el último de los comechingones vivientes, y como su apellido lo indica, emparentado con las primeras familias que llegaron a Córdoba, junto con los españoles.
El padre Willy Farianni, sacerdote y novelista.
Por ser representante de una iglesia al servicio del pueblo y sus pasiones.
Miguel Lopez Olmedo: periodista.
Por ser un comunicador respetado por toda la ciudadanía y querido por todos los gobernantes.
Bibeca Samantha: astróloga y vidente
Por haber pronosticado un papel fundamental de Córdoba en el futuro del país
Silvia Ponce: vecina.
Por ser descendiente directa de la famosa familia Ponce, que supo vivir en las márgenes del río desde los días de Don Jerónimo Luis de Cabrera..
Jean Carlos Rodriguez, ex cantante, actual Rector de la Universidad.
Por ser un ejemplo de superación e integración.
Carlos Rosis, dirigente político:
Por ser el mejor representante de las fuerzas políticas, ya que nadie como él ha participado en tantos partidos y alianzas desde la instauración de la democracia.
Fulgencio Paganini, empresario:
Por la donación de 200.000 kilos de polenta y 3 millones de caramelos surtidos. Esas especies serán vendidas oportunamente, convertidas en dinero, y pasarán a engrosar los fondos reservados para el dinero del concurso.
Este Honorable Jurado seleccionará 5 finalistas entre todas las propuestas presentadas hasta el 30 de setiembre del año en curso. Luego esos finalistas deberán presentar sus proyectos en acto público, a realizarse en la primera quincena de diciembre en el Teatro San Martín. El ganador se hará acreedor del premio de 200 millones y tendrá 5 meses para realizar la producción.
Los festejos del V Centenario se desarrollarán en la ciudad de Córdoba de la Nueva Andalucía entre el día 5 y 6 de julio del año siguiente.
Así sea.
Dr. J.M.J
Excelentísimo Gobernente de Córdoba
Capítulo 7
En el que ocurren importantes acontecimientos históricos
Tanto era el entusiasmo por el concurso y los festejos del V Centenario, que en los meses siguientes ocurrieron notables sucesos que no lograron la más mínima atención de la opinión pública. Hablo de sucesos que sin el rollo de los 500 Años de por medio, hubieran ocupado los horarios centrales en la TV y vendido más periódicos que el Diario Córdoba en los tiempos en que el Hombre Lobo merodeaba por el Cementerio de San Vicente. Recurro a los archivos para mencionar los casos más importantes:
La muerte del ex presidente Carlos Mendez, producida por asfixia, al haberse atragantado con un hueso de pollo, en el transcurso de un comida con empresarios y políticos de su entorno.
El derrumbe del Zapato de Capilla de Monte, atropellado por el aterrizaje de uno de los tantos ovnis que por entonces frecuentaban la zona del Cerro Uritorco
La aparición de la figura del ex gobernador Ramón Bautista Mestre a un niño del barrio Evita compañera, mientras jugaba a las figuritas con sus amigos.
La investigación de dos periodistas del Diario La Voz sobre las cárceles de Córdoba: al parecer descubrieron (en una investigación sin precedentes), que las drogas y el sexo homosexual eran frecuente entre los presos.
El desenlace sobre la herencia del hacendado Manubens Calvente. Finalmente tras décadas de juicios y sumarios, la justicia reconoció como legítimo heredero a un tataranieto llamado Pierino, que ajeno a su genealogía, se ganaba la vida como músico ambulante en la peatonal de la ciudad.
La fusión de los clubes Belgrano y Talleres para lograr un poderoso equipo que los pudiera devolver a Primera B.
La ocupación ilegal del Cucú de Carlos Paz por una familia de indigentes rumanos.
La limpieza de la estatua del Dante en el Parque Sarmiento
El cambio de nombre de la ciudad de Tanti por el de Villa Medina Allende, en honor a su vecino mas ilustre.
La reaparición en una estancia de Totoral del escritor Juan Filloy, a quien se creía muerto unos años antes. Al parecer el centenario hombre había fingido su muerte para evadirse de las entrevistas periodísticas y homenajes.
El ataque de un perro dogo al ex militar Luciano Benjamín Melendez, hecho que le causó horribles heridas en el rostro y en sus genitales.
El hallazgo de un acueducto romano en la Pampa de Olaén
Y por último, la muerte por electrocución de un político derechista, al ser víctima de una conexión eléctrica clandestina existente en su casa de campo.
Capítulo 8
Cuando comienzan las reuniones en La jabonería de Vieytes
Desde que decidieron boicotear los Festejos del V Centenario, Leopoldo y Erdosain ya no se reunieron en la “oficina” de Cañada y La Rioja. Tampoco lo hicieron en el cuarto de la pensión de Leopoldo. Decían que esos lugares no eran seguros para pensar, desplegar planos y armar estrategias. Se trasladaron hacia una pequeña y verde explanada que se abre en la intersección del Suquía con Avellaneda. En una de las márgenes del río montaron una suerte de guarida, que ellos llamaron ostentosamente, la Jabonería de Vieytes, en honor a aquel lugar que sirviera a los hombres de Mayo de refugio para fraguar sus planes revolucionarios.
Varias veces asistí a algunas de esas reuniones. Nunca faltaba el mate y los criollitos. Tampoco las polémicas sobre las maneras de enfrentarse a los festejos del Quinto Centenario. Siempre quedaba en el ala conservadora de las discusiones, en clara contraposición a las ideas de ambos. Era fácil, mi imaginación para causar algún daño urbano no pasaba de quemar tachos de basura, destrozar algún teléfono público o como mucho, romper las vidrieras del centro. Se reían de mí por de eso.
Debo confesar que al principio esas reuniones me parecieron simpáticas, y hasta me causaban gracia. Con el correr de los meses el miedo me fue embargando. Porque si en el comienzo era el delirio de 2 locos lindos por tratar de boicotear Los Festejos del V Centenario, luego fue la sistemática planificación de 2 potenciales terroristas por acabar, lisa y llanamente con la ciudad. Y eso ya no era algo para tomarlo en broma.
¿Que porque no puse freno a toda esa locura ? , no lo sé. Muchas veces me lo he preguntado. Quizás fue porque en el fondo la idea me gustaba, y al no tener el valor de implicarme más en el tema, solo me dediqué a asentir y escuchar los ambiciosos proyectos destructivos de mis amigos.
Ellos me lo decían siempre: Que era un cobarde y un quejita, como casi todos los periodistas de la ciudad. Eso decían. Pero como les caía simpático, me habían elegido para ser testigo de su empresa. Querían que yo contara algún día lo que iba a ocurrir: Esta es la forma de cumplir con mi parte. Contarles de cómo los Festejos del V Centenario provocaron la casi destrucción de una de las ciudades más importantes de América del Sur.
Siempre que viene a mi memoria la Jabonería de Vieytes, en esa ribera del Suquía, los veo a ellos dos, charlando, discutiendo, haciendo cuentas, elucubrando planes, escribiendo consignas y leyes. Era tierno y patético verlos allí. Me hacían acordar, de alguna manera, a los guerrilleros del Che Guevara en la Sierra Maestra, o en la selva boliviana: muertos de frío, con hambre, sin recursos, pero con ideas y utopías tan elevadas que se alzaban por sobre esas contingencias tan humanas.
Bien pensado, Córdoba era por esos días un verdadero campo de batalla. De un lado el gobierno, los medios de comunicación, las fuerzas vivas y la mayoría de los ciudadanos, y del otro: Leopoldo y Erdosain.
Unos imaginaban proyectos para el mayor cumpleaños que conociera ciudad alguna. Los otros maquinaban planes para impedirlo.
Mientras tanto la vida continuaba al ritmo de tanta pasión desatada.
Capítulo 9
En el que se conocen a los finalistas del concurso
Al llegar la fecha estipulada para la presentación de los proyectos Córdoba era un hervidero. Nadie pensaba en otra cosa. Nadie quería saber nada que no fuera el concurso. La radio, la televisión y los diarios ventilaban todos los días algunos de esos proyectos, porque era la misma gente la que los contaba antes de presentarlo. Era tanto el entusiasmo, que hasta los delirios más grandes tenían cabida en los medios de comunicación.
Mas de 100 mil propuestas se presentaron al concurso. ¡ Cien mil ¡ una cantidad que hacía imposible el trabajo para un jurado compuesto por tan solo once personas.
Y no era para menos: las bases del concurso eran tan ambiguas, que miles de ciudadanos decidieron tentar a la suerte. Luego el gobierno reflexionó sobre tal error, pero ya era demasiado tarde. La bola de nieve había empezado a rodar.
Lo cierto es que el Gran Jurado, en una maniobra que mereció la repulsa general
( cuando se la descubrió, claro) , decidió eliminar de cuajo, sin ni siquiera abrir una carpeta, a la mayoría de los proyectos. Solo se quedó con veinte, y de esos veinte, finalmente eligió a los cinco que debían presentar la propuesta en acto público.
Gabriel, un gran amigo que trabajaba entonces en el Ministerio de Cultura, me contó que eran tantas las carpetas recibidas que no cabían en ningún lugar. Que hasta en el mismo despacho del ministro era difícil abrir la puerta de la cantidad de proyectos esparcidos por el piso.
Fue entonces, decía mi amigo, cuando se decidió prescindir de la mayoría de los proyectos. Al principio el Jurado tuvo objeciones con esa orden del Gobernente, pero dadas las circunstancias, no tuvieron más remedio que obedecer.
Merced a los buenos oficios de mi amigo, varias de esas carpetas fueron salvadas de las llamas y ahora descansan en mi biblioteca.
De tanto en tanto las hojeo y me divierto con las ocurrencias que suele tener la gente.
La mayoría de esos proyectos no tenían nada que ver con los Festejos del V Centenario, ni siquiera con algo que se pareciera a un espectáculo.
Les detallo algunas de ellas:
El Club Náutico Capitán Piluso proponía construir un canal desde la Costa Atlántica hasta Córdoba, con el objetivo de acercar el mar a la ciudad, de tal manera que ésta dejara de ser mediterránea. Un absurdo total por donde se lo mire.
Otro proyecto, rubricado por un grupo de pilotos de rallies, proponía una carrera tipo autos locos por toda la provincia, en la que participara todo aquel que tuviera, al menos, cuatro ruedas.
No menos original era el proyecto de hacer un servicio de subtes en La Cañada; las Primeras Olimpíadas Comenchingonas, La Misa Criolla interpretada por mimos de diversos países del mundo; un mural gigante pintado por todos los habitantes de la ciudad; una búsqueda del tesoro siguiendo la ruta de Las iglesias Jesuíticas, y así cientos de ideas, a cual más delirante e impracticable.
Lo cierto es que el Gran Jurado cortó por lo sano y se quedó con 5 finalistas, provocando la alegría en unos pocos y la desazón en la mayoría.
Cinco fueron los elegidos. Cinco nombres, Cinco ideas, Cinco proyectos serían los encargados de batirse en público para ganar el gran premio que homenajearía a la ciudad en sus 500 años.
Los finalistas elegidos eran grandes representantes de la cultura de la ciudad.
De entre todos ellos habría de salir un ganador, que sería el responsable de amenizar los Festejos del Quinto Centenario, y que se haría acreedor del mayor premio en dinero de todo el mundo Eran los siguientes:
Chez Caballé, directora de teatro, la Regisseur Mayor de la Ciudad, especialista en grandes montajes escénicos.
Javier Pissano, periodista, Poeta mayor de la Ciudad y escritor de canciones de amor.
Chochi Oroño, mannequin, propietaria de la mayor agencia de modelos de Córdoba.
José Angel Piedra, el Arquitecto Mayor de la Ciudad.
Francisco Primadonna, el otrora poderoso cardenal de Córdoba, devenido en realizador de performances artísticas.
Capítulo 10
Donde Córdoba se convierte en una usina de propaganda
Los festejos del Quinto Centenario contaron con una campaña publicitaria y mediática como pocas veces se había visto. La consigna del Gobernente era que Córdoba se viera como el Faro de Alejandría de Argentina y su figura, como una suerte de Pericles del siglo de oro, el mesías salvador para las desdichas de un país errante.
No se escatimaron esfuerzos ni dinero. Pocos eran los que estaban en contra de los festejos, sin embargo las arcas públicas se vaciaron en esos meses en detrimento de los canales de televisión, las radios, los diarios, las revistas, las publicaciones digitales, los periódicos gratuitos, los afiches callejeros y hasta los boletines de filatelia. La publicidad era masiva en el sentido más literal de la palabra.
En esos meses la gente vio desfilar a historiadores, políticos, deportistas, científicos, artistas, periodistas y ciudadanos anónimos en spots televisivos, en campañas radiales, en programas culturales, en fiestas populares, anunciando las maravillas que los festejos del Quinto Centenario traerían a la comunidad.
Simpáticas canciones se estrenaban a diario en los programas de moda; la producción de una miniserie sobre Jerónimo Luis de Cabrera, decenas de libros sobre los 500 años, documentales, obras de teatro y justas deportivas, engrosaron la lista de homenajes al cumpleaños de la ciudad. Nada parecía sustraerse al tema. Córdoba como nunca antes, se sumergió en una historia en la que era la única y absoluta protagonista. Se miraba el ombligo, se lo rascaba, se lo acariciaba y lo mostraba, obscenamente, a un país atónito. Las demás provincias prefirieron ignorar la soberbia algarabía cordobesa y apartarse de aquel carnaval, sorprendidas de la repentina locura de su docta, culta y valerosa hermana.
Tan solo una persona se permitía discrepar en público contra los fastos del V Centenario. Era un desgarbado actor, muy popular por sus caracterizaciones en la calle, en publicidades comerciales o institucionales. Vestido como si fuera el mismo Jerónimo Luis de Cabrera y cual Quijote, cabalgó días y noches sobre un caballo de cartón, alertando a la población sobre la repentina locura que los aquejaba. Nadie lo escuchó, nadie quiso saber nada de él. Un buen día, quizás cansado de los molinos de viento y de la indiferencia general de sus conciudadanos, se marchó y nadie nunca supo más de él.
Es en esa época cuando surgió el dicho: “ estás más solo que el Diego Dozo” que la tradición incorporó al vocabulario popular, de la misma manera que un día sentenció “ andá a cantarle a Gardel” o “ ese tiene más guita que Anchorena”.
También su huída, desaparición o lo que sea, originó un sinfín de historias, de hipótesis y hasta una exitosa canción cuartetera, en cuyo estribillo se decía algo así como …… y se fue el loco del caballo / con su espada de viento y cartón/ nos quedó de recuerdo un zapallo y un megáfono marrón/…..
Capítulo 11
Cuando los saboteadores se adentran en el esqueleto de la ciudad
Leopoldo y Erdosaín experimentaron un cambio profundo desde que decidieron enfrentarse al Gobernente y a los fastos del V Centenario. Y no me refiero a la actitud de combatientes que asumieron, sino también a su aspecto físico. Se los veía más fuertes, más serenos, y desde luego, más limpios y arreglados. Adoptaron conductas de verdaderos soldados, como esos agentes de las películas de espías que se preparaban con estoicismo para llevar adelante su misión.
Se podría decir que hasta estaban más guapos, y desde luego, más instruidos.
Ambos se habían apoyado mutuamente y hasta habían adoptado peculiaridades del otro.
Así Erdosaín se interesó en la lectura, en la búsqueda de material en los archivos, en hablar con mejores modales, en ser menos cínico y resentido. Leopoldo, por su parte, aprendió trucos de supervivencia urbana, reglas no escritas de la ley de la calle; conoció personajes de dudosa reputación y aprendió a vivir en la inquietante y fugaz existencia
de los sin techo.
Habían comenzado un juego, que no solo los estaba atrapando y divirtiendo, sino que les había proporcionado, por primera vez en muchos años, una razón importante para vivir.
Muchos me han preguntado cómo fue posible que dos tipos marginales, casi lúmpenes se convirtieran en terroristas de la noche a la mañana. No tenía demasiadas respuestas para eso. Simplemente se me ocurría decirles que sucedió, que dos tipos resentidos y con mucho tiempo disponible al día, son capaces de maquinar cualquier cosa. En el caso de ellos, comenzaron un juego que los devoró en cuerpo y alma. Fue así como de estar mirando los atardeceres en La Cañada, de vivir casi de la caridad, pasaron a comportarse como guerreros disciplinados e ideológicamente convencidos de que esa Córdoba del Centenario era un enemigo a quien derrotar.
Así fue como en su peregrinar, en esa suerte de “iluminación”, se adentraron en el esqueleto mismo de la ciudad, como ratas que van por los canales en busca de comida. En esa tarea se complementaron a la perfección : Leopoldo era el portador de las llaves que abrían las dependencias de la información pública, y Erdosaín era conocedor de los bajos fondos, del lado oscuro de las personas. Y la ciudad estaba rebosante de todo esto. Durante semanas alternaron bares con bibliotecas, iglesias con museos; parques con cuarteles. Visitaron desde las oficinas de catastro de Obras Sanitarias hasta la de Rentas, y comenzaron a tejer, pacientemente, una intrincada red de contactos en lugares claves con la única finalidad de conseguir información sobre la red ciudadana en todas sus facetas.
Compartieron tertulias con algunos escritores, ex porteros de dependencias públicas, sepultureros, agentes de seguros, ex policías, militares retirados, asociaciones gauchescas y hasta se apuntaron por algunos días a las reuniones del club de ovnilogía.
Colectaron tanto material informativo que la sorpresa les llegó como una balde de agua fría: esa ciudad que ellos creían grande y fuerte, se les reveló como un verdadero castillo de naipes.
Ese viaje por el interior del esqueleto urbano les confirmó la vulnerabilidad de la ciudad. Decididamente Córdoba no estaba preparada para afrontar ningún tipo de catástrofe, aunque fuera pequeña. Tenía tantos puntos débiles como se quisieran encontrar.
Si bien los datos fueron alentadores para la moral y sus proyectos, al mismo tiempo los sumió en una profunda desazón: Córdoba era tan frágil y desprotegida como un cachorro perdido en la selva, y ellos, eran el animal destinado a comérsela.
- Es todo tan fácil que hasta me da pena, pero no hay marcha atrás- escribió Leopoldo en la tapa de un cuaderno Rivadavia, que llevaba entre sus ropas y que hacía las veces de diario de guerra.
Capítulo 12
Donde se cuentan los avatares de los artistas en la noche del concurso
Esa primera quincena de diciembre llegó cargada de ansiedad y de algarabía. Todo había pasado tan rápido. No cabía ni la cabeza de un alfiler en el Teatro San Martín: el lleno era total. Los medios de comunicación se agolpaban en la platea para cubrir las incidencias. El Canal Crónicas transmitía en directo a todo el país. Córdoba había preparado el evento, como si fueran los mismos Juegos Olímpicos.
El Gobernente y su esposa se revolvían de impaciencia en el Palco oficial. El gabinete en pleno estaba allí, y hasta políticos de países vecinos se llegaron dispuestos a no perderse un espectáculo tan singular.
El Gran Jurado ocupaba el fondo del escenario, delante de unos decorados que los empleados del teatro rescataron de una vieja y exitosa puesta del Sueño de una Noche de Verano.
A las 20 horas en punto, las luces se atenuaron. Un locutor de voz estridente y chillona a la par que animaba a la multitud a hacer palmas, anunció la apertura del concurso. La multitud estaba enardecida: los pitos, maracas y cánticos de las barras hacían que el San Martín pareciera un estadio de fútbol.
Entonces sonaron las fanfarrias y la tensión se multiplicó. El locutor, elevando su voz por sobre el griterío, anunció la presencia del primer participante.
Cuando escuchó su nombre, Chez Caballé, ingresó al escenario como si fuera su casa. Y en verdad lo era. Allí había triunfado en numerosas óperas y obras teatrales. El miedo escénico no existía para ella. Entró acompañada de un pequeño séquito: su secretario, que portaba dos gruesas carpetas amarillas, su asistente de dirección; el escenógrafo, llevando una gran maqueta que inspiró el primer Ohhhhh de la gente, y un camarero con dos botellas del mejor whisky escocés.
El gentío estalló en aplausos. El ambiente era una verdadera fiesta.
Chez Caballé detalló su proyecto con singular entusiasmo. Fueron 75 minutos extraordinarios. Entre planos, maquetas, drinks y fotografías, la regisseur mayor de la ciudad, expuso su ambiciosa obra, que no era ni más ni menos que convertir a la ciudad de Córdoba en el escenario de los capítulos de la Biblia.
Se imaginan ustedes lo que eso significaba. Algo verdaderamente apoteósico.
El Gran Jurado y el público apenas escucharon esas poquitas frases se encendieron y aplaudieron a rabiar. Y ni les cuento lo que ocurrió cuando Caballé dijo que para ese montaje iban a participar mas de cincuenta mil personas, entre actores, bailarines, músicos, técnicos, choripaneros, vendedores de seguros y vecinos de la ciudad. Fue el extásis total. La gente aplaudía, cantaba, saltaba en las ubicaciones de tertulia y cazuela. Los del paraíso, aun cuando estaban identificados con otros proyectos también aprobaban la iniciativa y tiraban papelitos, convirtiendo todo aquello en un gran carnaval.
En el Palco oficial, el Gobernente se veía alegre y orgulloso, y de tanto en tanto codeaba al embajador brasileño, al tiempo que le decía, - viste lo que te dije, que esto era algo nunca visto.
Chez Caballé presentó la propuesta de dramatizar la Biblia, a través de una puesta en escena que mixturaba la ópera, la comedia musical, el circo, el bowling y el teatro de sombras.
Según los registros que obran en mi poder, la obra se desarrollaba en siete días con sus respectivas noches, sin cortes ni interrupciones, tomando como escenario, casi todo el ancho y largo de la ciudad.
Asi en el proyecto, el Rio Suquía hacía las veces del Mar Rojo durante el episodio del éxodo, y hasta se había previsto una serie de elementos mecánicos que hacían posible la partición de las aguas a la altura del Puente Tablada. El Parque Sarmiento había sido reservado para el Edén de Adán y Eva, especialmente por la flora y fauna del Jardín Zoológico.
En el Monumental Sargento Cabral se libraba la escena de Sodoma y Gomorra.
Uno de los shoppings era el lugar ideal para escenificar la escena de Jesús y los mercaderes, y así cada rincón de Córdoba tenía su propia escena de Biblia: en cada plaza, esquina o avenida.
Las calles del centro de la ciudad se reservaban para el séptimo día, cuando se produciría el capítulo del Apocalipsis, un espectáculo que según palabras de Caballé,
“ ningún ser humano había visto, por lo menos en los últimos dos mil años”.
Cuando terminó su exposición, la multitud la ovacionó de pie durante diez minutos seguidos. Los integrantes del Gran Jurado se saludaban como si hubieran ganado la lotería, los asistentes de la Regisseur Mayor se abrazaban y lloraban de emoción, la gente estaba alborozada y las cámaras de televisión escupían esas imágenes contagiando a todos y cada uno de los habitantes de la ciudad.
Una vez que Chez Caballé fue llevada en andas por la multitud, el locutor anunció un receso de quince minutos antes de seguir con el siguiente participante.
A un costado del escenario, escondido tras las gruesas cortinas, un hombre caminaba nervioso, fumaba y escribía poemas en un viejo cuaderno Lanceros.
Capítulo 13
De cómo el poeta inmortalizó a la ciudad con sus versos
La exposición de Chez Caballé fue tan extraordinaria y dramática, que bien podría haber competido en espectacularidad con la presentación de Los Beatles en el show de Ed Sullivan. El intervalo sirvió para calmar a la masa, llenar algunos estómagos vacíos y dotar a la sala de cierta calma. Exactamente el clima que necesitaba el siguiente participante: Javier Pissano, periodista, escritor, poeta, figura emblemática de la Docta ciudad y uno de los vecinos más queridos y respetados.
El silencio se podía cortar con una navaja. El locutor anunció el nombre del poeta, y éste ingresó vestido con un traje negro, un impermeable negro con las solapas levantadas y unos anteojos más oscuros que el olvido.
Parecía la misma imagen de la muerte. La muerte en mocasines.
Un leve murmullo se escuchó de punta a punta de la sala. Los integrantes del Gran Jurado intercambiaban miradas expectantes y en el Palco Oficial, el Gobernente y su corte seguían con atención todos los incidentes, al tiempo que engullían unas suculentas porciones de humita cocinadas especialmente por Fred Piqué, el Cheff Oficial de la Ciudad.
Entonces José Pissano encendió un cigarrillo, lo paseó por la comisura de sus labios hasta ubicarlo en el costado izquierdo de la boca, pidió al sonidista música de alguna banda de jazz de los años treinta y comenzó a recitar su ya célebre Oda a la ciudad de mis amores, o también conocida por Córdoba te quiero tanto tanto.
Transcribo a continuación la versión completa de ese texto:
Yo, que conocí personalmente al Oso Boris
A los padres y a los hermanos del Oso Boris.
Yo, que navegué en La Cañada,
en barcos sin velas en noches nubladas.
Yo, que veía películas en los cines de antes.
Y me comí todas las muzzarellas de la pizzería Cervantes.
Yo, que compraba botines en Casa Colorada
para que sacaran chispas de alguna jugada.
Yo, que soñaba con Sabú y su alfombra voladora
en paseos por miles de noches y auroras.
Yo, que de niño quería ser grande
Y luego de grande no podía dejar de ser niño.
Yo, me siento en esta noche
a parpadear con las estrellas.
Yo, que pasaba frente al cine Odeón
Y rezaba por el alma de Flash Gordón.
Yo, que escribía poemas canciones de amor
en las mesas vacías del bar Unión.
Yo, que creía que el mundo era plano
Sostenido por una tribu de negros enanos.
Yo, que era el socio más solitario
De la banda del club de amores mercenarios.
Yo, que buscaba la Isla del Tesoro
Sin mapa, sin brújula, sin pirata, sin loro.
Yo, que en las calles del Cordobazo
Estuve a los canas dándoles codazos.
Yo, me siento en esta noche
A cantar con los grillos.
Yo, que le decía a Yairo por joder,
Te escribo un tango y le ponemos Revolver.
Yo, que en Madrid caminaba por Gran Via
y nunca llegaba a la Casa Tía.
Yo, que fui inmigrante en años despiadados
Llorando las miserias de los desheredados
Yo, que fuí periodista de hechos curiosos
Cronista eficaz de actores famosos.
Yo, que te esperaba en todas las esquinas
Fumando saratoga y comiendo chocolinas.
Yo, que coleccionaba discos de boleros
Con besos y suspiros, amores pasajeros.
Yo, me siento en esta noche
A brillar con los neones.
Yo, que soy una sombra
Errante, vagabunda,
Que te busca y que te nombra.
Yo que soy la melodía
Dulce y melancólica
De tus noches y tus días.
Yo, tan solo un hombre
Que sueña maravillas
Con las letras de tu nombre.
Yo te canto, ciudad de mis amores
Con la frente alta, el corazón alegre
Y el alma llena de pajaritos.
No hay nada más hermoso
Que un niño dormido,
Decía AMADOR
y yo agrego, sin rubor
que una noche bajo tu cielo
mi querida BADOCOR
Capítulo 14
Donde ángeles y demonios se apoderan del escenario
Cuando terminó de recitar su poema, Pissano se quedó clavado en el escenario como el tenor que solo aguarda el calor aplastante del público. No se movía un músculo de su cara. Luego de unos segundos de profundo silencio que parecieron eternos, una catarata de vivas y palmas bajó del paraíso y contagió a los que estaban en las plateas y pasillos. A su manera, el poeta también había triunfado. El público y el jurado mostraron su beneplácito. Se marchó del escenario como llegó: arrastrando su delgada y melancólica figura.
La siguiente participante era una mujer, y que guapa concursante era.
Cuando la presentaron, Chochi Oroño, ex modelo, empresaria y dueña de la agencia de modelos más importantes de la ciudad, subió al escenario por el proscenio, moviéndose lentamente al compás de sus largas piernas y sus bailarinas caderas. Llevaba un conjunto de pantalón y chaqueta de cuero blanco, zapatos de tacón bajo, una camisa de seda roja, y un pañuelo de seda italiana en la cabeza, al mejor estilo Audrey Hepburn, cuando desayunaba en Tiffanys.
Su propuesta dejó estupefacto al Gran Jurado, pero no al público, que reaccionó vivamente a la audaz idea de la empresaria.
Chochi Oroño proponía la construcción de una gran pasarela en la que habrían de desfilar todos y cada uno de los ciudadanos de la ciudad. El desfile estaba dividido en colecciones: los ciudadanos que habitaran los barrios del norte de la ciudad vestirían diseños de otoño; los del sector sur, la colección verano; los del este, invierno; y los habitantes de la zona oeste, modelitos para primavera.
Según Chochi, ese inmenso desfile además de contar con una producción nunca vista, sería el más grande del mundo, y permitiría conocer a todos y cada uno de los habitantes de la ciudad de Córdoba. Hecho, que también señaló, serviría a las autoridades para organizar un censo demográfico al mismo tiempo, sin que significara ningún costo extra para las arcas públicas.
Viéndolo con detalle, la idea no era mala, pero era prácticamente inviable.
La empresaria explicó detalladamente las fases de ese espectáculo, contestó algunas preguntas de los miembros de jurado y fingió compostura, con su diplomática sonrisa, ante a las objeciones que se le hicieron por la cantidad de participantes en la puesta en escena.
Finalmente el público rubricó con un estruendoso aplauso el proyecto, discrepando con la fría acogida de los jueces. Al fin y al cabo, la mayoría de ése público, en el caso de ganar Chochi, sería protagonista de tan fashion aventura.
Luego de otro breve intervalo, el locutor anunció al siguiente participante. Cuando el nombre de José Angel Piedra se escuchó en la sala, una inmensa silbatina rasgó el aire como un sable. Durante minutos el ruido ensordecedor del soberano dictó sentencia, pero el Jurado estaba dispuesto a escuchar la propuesta del famoso y extravagante arquitecto.
El proyecto no era ni más ni menos que una suerte de segunda parte de la obra más denostada por generaciones de cordobeses: La Plaza España. Durante décadas, nadie logró encontrar significado, practicidad y atisbo de belleza a semejante caos de cemento en pleno barrio de Nueva Córdoba. Si había algo que disgustaba a los cordobeses, eso era La Plaza España y por supuesto, a su creador.
Por eso cuando José Angel Piedra presentó el proyecto de La Torre de Marfil, una gran construcción que se alzaría al lado de La Plaza España, con el único objetivo de que la gente pudiera subir a ella y apreciar la polémica plaza desde otra perspectiva, la gente estalló en un huracán de rabia.
En vano fueron los esfuerzos de Piedra por explicar la belleza de contemplar la plaza desde cierta altura. El público no lo dejó. Infinidad de botellas de plástico, encendedores, chicles y otros objetos cayeron sobre su humanidad, provocando su iracundia y su posterior huída, no sin antes regalar al jurado y al público con el más exquisito corte de manga que se recuerde.
La huída de Piedra había enardecido a la masa. El ambiente no era el más apropiado para el siguiente finalista: el ex arzobispo Francisco Primadonna. Pero si algo sabían los cordobeses, era que a él no se le faltaba el respeto.
Su sola presencia en el escenario acalló a la multitud. A sus 90 años aún infundía el mismo temor que en sus años mozos, cuando desde el púlpito de La Catedral pronunciaba aquellos sermones secos y duros, que lo hacían a uno cagarse en las patas, como si se estuviera delante del Tribunal de la Santa Inquisición.
Los tiempos habían cambiado, en su caso para bien. Sobrevivió a un accidente automovilístico que le dejó secuelas inesperadas: abjuró de su monacal y reservada existencia, y se volcó a la bohemia. Se dedicó a la noche, a la bebida, la música y a las artes escénicas, especialmente a los musicales. Algunas veces actuaba en un pub del Pasaje Revol, imitando a Cher, Liza Minelli y Tita Merello. Sus espectáculos de transformismo era populares en toda la ciudad.
Por eso a nadie le pilló por sorpresa que decidiera presentarse al concurso.
Con esa vocecita dura y fría de siempre, presentó un proyecto artístico llamado Opus Superstar, un music hall de magia, ilusionismo y música tecno basado en la vida de Monseñor Escrivá de Balaguer.
El proyecto era un delirio total en el que intervenían travestis de Barrio Guemes, videntes, señoras del Rotary Club, los Niños Cantores, el Ballet de la Iglesia Universal,
y hasta tres de los marineros sobrevivientes del Graff Spee. El papel de Escrivá estaba interpretado por 3 actores que cubrían las diferentes etapas del santo: en la infancia por Jonathan, el único niño castratti del mundo, que por entonces vivía en Guiñazú. En la adultez por el popular cuartetero Charly Jiménez y el mismo Primadonna se reservó el papel en los años de la vejez.
Ese proyecto de musical era un verdadero cambalache, un espectáculo sin ton ni son, que solo llegó a la final por la identidad de su autor. Ni más ni menos.
Sin embargo, nadie en el jurado ni en el público era tan valiente como para mostrar una opinión contraria a un proyecto del cardenal Primadonna. Aun cuando ya no fuera el mismo de antaño, todos sabían que conservaba amistades y contactos de las viejas épocas, y eso, se quiera o no, infundía respeto.
Así fue como los aplausos, los vítores y las felicitaciones coronaron su presentación.
Capítulo 15
Donde los saboteadores deciden convertir a Córdoba en la Atlántida
Mientras tanto, en otro lugar no muy alejado del Teatro San Martín, a la misma hora que la muchedumbre palpitaba con los concursantes y esos proyectos delirantes, Leopoldo y Erdosain decidieron poner punto final a sus especulaciones. Luego de descartar numerosos planes y proyectos, se inclinaron por el más audaz y peligroso de todos ellos: la inundación de la ciudad de Córdoba.
El plan era tan simple como temible: dinamitar el paredón del Dique San Roque y provocar que las aguas inundaran la ciudad. Se inspiraron en cierta mitología popular que a fines del siglo XIX, llevó a la ruina a los creadores del viejo paredón del dique, el Ingeniero Cassafouths y el constructor Juan Bialet Massé.
La historia cuenta que los creadores de esa gran obra de ingeniería, admirada en su tiempo por el mismísimo arquitecto Eiffel, fueron denostados públicamente, vieron quebrados sus patrimonios y debieron renunciar a sus vidas profesionales, debido a cierta rumorología popular alimentada por los temores de una supuesta ruptura del dique. Las ambiciones políticas de entonces, la envidia de colegas y la ignorancia de la gente pudieron más que la reputación de sus creadores, que debieron soportar en vida el escarnio público y la humillación profesional.
El Dique no solo no se cayó, sino que aún hoy, cuando bajan las aguas , suelen verse los restos, firmes y sólidos, a unos 150 del emplazamiento del nuevo paredón, como testimonio de una obra mayor del ingenio de esos hombres ilustres.
Luego de darle mil vueltas al asunto, Leopoldo y Erdosain, que no cabían en sus cuerpos de la adrenalina y energía que venían acumulando, no estaban seguros de que dinamitar el paredón del Dique fuera suficiente para sumergir a la ciudad bajo la aguas, pero estaban dispuestos a averiguarlo. Pensarlo era fácil, pero ejecutarlo no era tan sencillo, no solo por los riesgos que suponía, sino por la infraestructura necesaria para hacerlo. Era tanta la pasión que tenían por su cruzada que los deseos fueron más fuertes que los riesgos, así que como si estuvieran viviendo su propia película, siguieron adelante con la empresa.
Así es queridos lectores. Mientras la ciudad entera vivaba a sus artistas y sus políticos, y seguía atentadamente por televisión las incidencias del concurso, Leopoldo y Erdosaín protagonizaron una curiosa ceremonia con el Rio Suquía como testigo: sentados alrededor de una fogata y bajo la luz protectora de la luna, crearon la Brigada Cassafouths y prometieron por la memoria del asturiano Bialet Massé, destruir el Dique San Roque y provocar la inundación de Córdoba. Brindaron con un mal vino torrontés, rompieron los vasos contra el piso y se estrecharon en un fraternal abrazo.
Quien haya observado esa escena, jamás habría de imaginar que esos dos simpáticos e inofensivos sujetos pergeñaban en su peligrosa fantasía, la destrucción de la ciudad.
Un verano caliente iba a comenzar. Y no lo digo en un sentido metafórico. Para esa época hacía casi un año que no llovía en la región, y los pronosticadores del tiempo no eran optimistas para los siguientes meses. ¿Cómo iban a imaginar Leopoldo y Erdosaín que su gran proyecto tendría como principal enemigo al mismísimo cielo ?
Capítulo 16
De cuándo la felicidad recorrió calles y avenidas
Era medianoche cuando el Jurado volvió del receso con una decisión. El ambiente en el Teatro San Martín era pura fiesta. Recordaba a aquellas representaciones teatrales en la época isabelina o en los tiempos del Siglo de Oro Español, cuando los corrales de comedia eran el muestrario de la sociedad de su tiempo. Pueblo y gobernantes; civiles, militares y eclesiásticos; clases altas y bajas, todos mezclados en la magia del teatro. Porque el concurso no había sido otra cosa que una magnífica y desopilante representación artística.
El Gobernente bajó del Palco Oficial y casi en volandas subió al escenario. Feliz y exultante pidió silencio: agradeció a los presentes, a los participantes, a los miles de televidentes que seguían la transmisión desde sus casas y felicitó al jurado por la labor realizada. Luego, como Presidente Honorario del Concurso, leyó el dictamen.
Cuando concluyó, la explosión de algarabía y felicidad fue tan grande como si hubiese anunciado la paz mundial. De no haberlo visto con mis propios ojos, no lo creería. Una especie de llama fraternal embargó a la multitud: todos se abrazan con todos, se besaban y se aplaudían. Los participantes se confundían en elogios y felicitaciones. Los políticos firmaban autógrafos; y hasta el embajador brasileño fue llevado en andas hacia la calle al grito de “ no hay dudas/ fue Pelé/ el rey del balompié. Era una hermosa locura, que tenía su correlato en cada una de las casas, a través del televisor.
La razón no había sido otra que el resultado del concurso: por decisión unánime habían ganado todos. Chez Caballé había salido primera y sería ella la directora del espectáculo, con la condición de que su puesta en escena incluyera a las demás propuestas artísticas.
Si algo faltaba para hacer mas surrealista la cuestión, ahí estaba el dictamen del jurado. Todos esos delirios en un mismo espectáculo eran algo realmente impresionante, sin embargo a nadie le pareció desatinado.
En nombre de los artistas, la Reggiseur Mayor de la ciudad agradeció a todos. En un breve discurso anunció la reescritura de La Biblia y vaticinó el mayor espectáculo que ciudad alguna haya visto a lo largo de los tiempos. No pudo terminar porque los acordes de La Marcha del Gobernente inundaron la sala y el gentío se entregó con verdadero fervor patriótico:
“Por ese gran Gobernente / que supo al pueblo cuidar/ le decimos de repente/ nunca te vamo a olvidar…Gobernen… el Gobernen.. el Gobernente…..”
Fue histórica esa noche para la ciudad. El gentío salió del teatro e inundó las calles. En la Plaza , El Gobernante había dispuesto un gran escenario donde bandas de cuartetos lanzaban canciones como puñales. Columnas de unidades básicas y otros partidos políticos llegaban desde los barrios y numerosos colectivos traían simpatizantes de todos los rincones de la provincia. Las calles reventaban de gente alegre y bailantera. Importantes firmas comerciales repartían vino y cerveza gratis y los puestos de choripanes se multiplicaban en cada esquina. Hacía años que Córdoba no vivía una fiesta semejante. Todos mezclados, todos felices: si hasta los miembros del jurado y el gabinete del Gobernante en pleno bailaban el Bum Bum como si les fuera la vida en ello. Era un espectáculo conmovedor. Y así siguieron todos bailando hasta que la noche se confundió con los primeros colores del alba.
Capítulo 17
De cuando el sosiego aplacó la euforia
Tanta energía desatada no podía desembocar en otra cosa que en el sosiego: tenía que llegar y finalmente lo hizo. Después de tanta euforia, tanta pasión y tanto desenfreno, llegó la normalidad a la ciudad. Digo normalidad dentro de lo que cabía esperar por aquellos días. La gente volvió a sus actividades cotidianas. Las cosas, las instituciones y las fuerzas vivas recuperaron su cauce.
Los que tenían trabajo, volvieron a trabajar; los que no lo tenían a desesperar; los estudiantes se pusieron al día con los exámenes; los artistas volvieron a crear; los martilleros públicos a martillar; los curas a orar ; los ladrones de gallinas a robar; los ladrones de guantes blancos a contratar los servicios de consultoras y agencias de marketing; las putas a yirear; las grúas a multar; los empleados públicos a manifestar ; Talleres y Belgrano a empatar; los jueces a declararse incompetentes para juzgar; los políticos a endeudar; los periodistas a gacetillear; los opinadores a opinar; los bancos a inventar nuevos intereses; los locos a delirar; los cuerdos a soñar; los modernos a comprar los últimos usos y costumbres de las revistas de diseño; los cieguitos de la peatonal a entonar la misma zamba de siempre; los asesinos a matar; las aseguradoras a agregar nuevas frases a la letra pequeña; los drogatas a esnifar; los poetas a buscar metáforas con poco uso joya joya nunca taxi; los cantores de protesta a protestar; las damas de la caridad a donar, los amantes a amar; los despechados a llorar, los solitarios a vagabundear, los odiosos a odiar; los boludos a boludear, los genios a dormir, los idealistas a pensar, los iluminados a pagar las facturas atrasadas de Epec; los albañiles a mezclar, los inmigrantes ilegales a rezar; los patos del Suquía a navegar; los cartoneros a cartonear; los linyeras a olvidar; los militares a rascarse los huevos, los médicos a curar, las enfermeras a cuidar, los bomberos a apagar incendios, los maestros a enseñar; los infieles a pecar, los cornudos a ignorar; los ecologistas a denunciar, los depredadores a contaminar, los profetas a asustar y así hasta donde uno pueda imaginar.
Capítulo 18
Donde los saboteadores juegan con fuego
Si en un capítulo anterior señalé la indiferencia popular ante importantes noticias acaecidas en la ciudad, se imaginarán ustedes que un simple delito policial ocurrido en Rio Negro no merecía la atención de los cordobeses. Ni mucho menos. Pero lo cierto es que ese suceso tuvo una relación directa con los festejos del Quinto Centenario.
En los primeros días de diciembre, el periódico Centinela del Sur publicó una pequeña nota sobre el robo de 715 kilos de explosivos de una cantera de yeso ubicada a 24 kilómetros de la ciudad de General Roca.
La información daba cuenta de una falla en los servicios de seguridad de la empresa, del rompimiento de candados y del vaciamiento de dos polvorines repletos de explosivos, mechas y detonadores. Culminaba sin echar luz sobre la identidad de los autores y alertando a la policía y al ejército sobre la peligrosidad de los explosivos robados.
Pasarían algunos meses hasta que las autoridades rionegrinas y nacionales descubrieran el destino final de esa carga. Claro que para cuando eso ocurrió, ya era muy tarde.
Mientras tanto, esos explosivos estuvieron en poder de Leopoldo y Erdosaín.
Merced a los oficios de colegas y compinches que fueron haciendo en esos meses de relaciones públicas con locos y criminales, consiguieron hacerse con los explosivos. Les ayudó mucho ciertos aportes económicos de un ricachón del cual nunca quisieron darme su nombre.
- No queremos complicarlo en éste tema – me decían – demasiado con la guita que nos ha dado.
Lo cierto es que con dinero y contactos, no le fue nada difícil comprar influencias, sobornar a militares, a guardias y obtener el explosivo necesario para dinamitar el gran paredón. Luego la paciencia, y el estudio en la manipulación de explosivos hizo el resto.
Recuerdo que una tarde me llevaron a una cantera de mármol cercana a Villa de Soto, en el noroeste de la provincia y me hicieron algunas demostraciones de sus progresos. No podía creer lo que veía: aquellos dos tranquilos tipos que fumaban y deliraban a la vera de La Cañada parecían ahora dos militantes de la ETA o de Hamás. Hablaban de bombas, de detonadores, de cargas explosivas, de un montón de términos técnicos que metían un poco de miedo.
Fue allí en ese páramo de piedras y polvo cuando les pedí que dejaran su jueguito, que ya estaba pasando de castaño a castaño oscuro.
- lo tenemos todo controlado- decía Leopoldo .
- ya vas a ver que la cosa no será para tanto –apuntaba Erdosaín – apenas alcanzará para para detener toda esa locura, para que el Gobernente fracase con lo del puto V Centenario.
- Y si hay muertos, vale la pena todo esto si hay muertos – dije casi indignado.
-Leopoldo me tomó del brazo y trato de calmarme. – No habrá muertos, te lo aseguro, todo será un caos, pero muertos no habrá.
- Y si los hay – insistí.
- No los habrá- dijo firmemente Erdosaín y con un severo gesto dio por terminada la excursión.
Esa misma noche regresamos a Córdoba en una desvencijada camioneta. No cruzamos ni media palabra en todo el viaje. Cuando me dejaron en la puerta de mi casa no sabía que habrían de pasar varios meses antes de volver a verlos.
Capítulo 19
En el cual la sequía más grande altera algunos planes
Se veía venir desde hacía tiempo, pero nadie podía hacer nada para impedirlo.
Fue el año más seco de todos los que se recuerde. Como un castigo divino, las lluvias ignoraron a Córdoba, transformándola en un verdadero desierto. Los ríos y arroyos solo existían en los mapas y los carteles. De los millones de turistas que cada verano invadían las sierras y la capital, solo algunos miles, quizás desinformados, se atrevieron a venir. La temporada fue malísima en todos los aspectos, no solo para el comercio, la industria y el campo. Lo fue también para todos los cordobeses que tenían en sus ríos y sus sierras como el mayor de los disfrutes.
Si hasta los populares festivales de folclore y de rock que se organizaban por doquier, tuvieron que suspenderse por la falta de agua y la imposibilidad de autoridades y organizadores de garantizar la salubridad pública.
El año del Quinto Centenario había comenzado mal. Faltaban pocos meses para los festejos y solo algunos pocos se mantenían al margen del mal humor general. Entre ellos Chez Caballé y sus técnicos y actores, que trabajaban a destajo en la adaptación de la Biblia. Era hermoso verlos: ensayaban por las noches en la Ciudad Universitaria en medio de una batahola monumental. Miles de hombres, mujeres, ancianos y niños iban de una lado para el otro disfrazados de egipcios, de hebreos, de fenicios, de personajes chejovianos ( ignoro el motivo de estos últimos) pero todos con una alegría y un entusiasmo conmovedor.
Curiosas maquinarias teatrales, escenografías de cartón pintado, cuerdas y cables por miles se apiñaban en los más diversos rincones. Y claro, todo ese universo, capitaneado con mano firme por la Caballé y su séquito, que se movían entre la masa con la misma gallardía que lo hacía Cecil B. De Mille en el plató de Los Diez Mandamientos.
A pesar de la crisis, El Gobernente y su corte de ministros y asesores, no se privaron de sus vacaciones. Luego de pasear sus fondonas barrigas por algunas playas brasileñas y uruguayas, tuvieron que volver a lidiar con una Córdoba en estado de ebullición. El horno no estaba para bollos, pero El Quinto Centenario estaba a la vuelta de la esquina y allí tenían apostada todas sus fichas. Ciegamente creían que los fastos sepultarían los restos de ese verano terrible. Si el sosiego no caía del cielo, entonces había que disimularlo hasta que lloviera. Así que pusieron nuevamente la maquinaria publicitaria y propagandística en marcha. En ese terreno, El Gobernente era infalible.
Recién en mayo llegaron las lluvias, pero fueron pocas para saciar tanta sequía de tierras y ríos. Sin embargo, sirvió para atemperar los ánimos, aunque no de todos.
Leopoldo y Erdosaín no cabían en sus casillas. Tantos planes, tantas reuniones, tantos proyectos para que una tremenda sequía les arruinará el golpe.
Así fue como mixturaron planes y estrategias terroristas con rezos al cielo y a los dioses para que cayera algo de agua y pusiera en condiciones a un Lago San Roque a punto de desaparecer.
Por aquellos días, los hombres del tiempo pronosticaban nuevas lluvias recién para agosto. Entonces fue cuando Leopoldo y Erdosaín decidieron adelantar los planes. Si Córdoba había planeado una fiesta anticipada, porqué no podía aguarse la fiesta también por anticipado.
Luego de varios meses sin tener noticias de ellos, me llamaron por teléfono al diario: me informaron sobre el cambio de planes y me dijeron que estarían en contacto. Les deseé suerte.
- Nos hará falta- dijo Erdosaín – parece que el cielo protege a la ciudad.
Capítulo 20
Cuando el Gobernente anuncia la programación de la fiesta
En la primera semana de junio, el Gobernente anunció en conferencia de prensa, los detalles de la programación del 6 de julio. En la Casa de las Tejas el clima era de un brutal optimismo, un poco empañado por algunas declaraciones de Chez Caballé a una revista local sobre los menguados recursos económicos de los que había dispuesto para el montaje del show. Algo de razón tenía: el gobierno apenas le había adelantado una pequeña parte del dinero prometido, argumentado diferentes causas, a cual más inverosímil.
En un discurso que bien parecía el de un estadista a punto de sentar las bases de una nueva sociedad, el Gobernente pronunció un discurso de 4 horas de duración, en el que hizo balance de su gestión de tantos años y de los proyectos futuros, en el caso de que fuera elegido presidente, embajador o directivo de algún organismo internacional, lo que llegara primero.
Los últimos minutos los dedicó a los detalles de la fiesta.
Reproduzco párrafos del diario digital Lasiesta.com.ar sobre las palabras del gobernente:
“ Querido cordobeses, los nuevos tiempos se avecinan: el futuro está golpeando, en éste preciso momento, en la casa de cada uno de ustedes. Y ése futuro lleva mi saludo y mi mensaje, así que cuando el futuro llame a la puerta, déjenlo pasar sin miedo, porque me estarán dejando pasar a mí.”……
“ Lo que prometí hace pocos meses atrás, es una realidad. No importaron las burlas, las críticas, la indiferencia de las demás provincias hermanas y de la Nación. No hizo mella el dardo venenoso de la envidia y el desasosiego. Seguí adelante, y junto a todos ustedes, queridos cordobeses, vamos a hacer que el futuro se cumpla hoy, mañana y el próximo 6 de julio”…..
“ Los festejos se abrirán el día 5 de julio por la noche con una procesión de atletas que partirá desde la cancha de General Paz Juniors y atravesará todos los barrios de Córdoba, portando una antorcha y mi bastón de Gobernente: con ellos quiero simbolizar mi cariño y protección hacia todo el pueblo de Córdoba.
Esa misma noche y durante toda la madrugada, se escucharán repicar todas las campanas de la ciudad y la provincia, desde la misma Catedral hasta la iglesia de Villa Dolores, desde Tulumba hasta Huinca Renancó, como una manera de decir, ¡!!! Acá estamos los cordobeses, que nos escuchen en Argentina y en el mundo ¡!!!
Si por cualquier razón a algún ciudadano le molestase tantas horas de campaneo, la Dirección de Salud Mental repartirá gratuitamente tapones para los oídos”……..
“El 6 de julio por la mañana, en la Plaza San Martín se izará la bandera con los acordes del Himno Nacional y luego se depositarán flores ante la estatua del padre de la patria. Posteriormente se descubrirá una estatua ecuestre del líder de nuestro movimiento y segundo padre de la patria, que no es lo mismo que padrastro… nuestro bienamado, querido y entrañable Juan Domingo Verón. Es muy grato decirles que para esa oportunidad contaremos con la visita de Los Niños Cantores de Overol, que entonarán las estrofas de La marcha del Gobernente”…..
“…..Sobre las 5 de la tarde comenzará el mayor espectáculo que ciudad alguna haya visto jamás. Yo he estado en alguno de los ensayos y puedo asegurarlo sin lugar a ninguna duda. Durante siete días nuestra ciudad será escenario de La Biblia, será escenario de la misma historia. Cuando el séptimo día finalice, el mundo no tendrá palabras para admirar tanta belleza, tanto esfuerzo, tanta creatividad…..”
“…. Cada uno de ustedes recibirá en su casa un programa con todos los detalles del show, con las recomendaciones para no entorpecer las actuaciones, y por supuesto con un decálogo del comportamiento para con el prójimo y para con los millones de turistas que recibiremos en esos días. También habrá información en la televisión, en los diarios y en una profusa cartelería que ya está empezando a colgarse”…..
“ Quiero agradecer a todos. La lista sería inmensa: lo sintetizaré en mi familia, mis colaboradores, a todos los cordobeses, y a todos los hombres de buena voluntad que vendrán por esos días a visitarnos. Dejo para el último un agradecimiento especial para tres figuras señeras de nuestra ciudad, mitos vivientes de nuestra Córdoba que no dudaron en participar de los festejos del V Centenario: a don Juan Filloy, a quien hemos recuperado, y que con 120 años, ni más ni menos, interpretará a Moisés en el espectáculo de Chez Caballé. A nuestro fantasista del teclado, el señor Jorge Abubh, que tratará de ser el primer cordobés en ingresar al libro Guinnes, con su ya anunciado concierto por la Paz Mundial, en el que como todos ustedes saben, el maestro tocará sus grandes éxitos a bordo de una piragua, recorriendo el Suquía desde San Vicente hasta la desembocadura en Mar Chiquita. Y por último a esa figura de la ciencia y la tecnología, que es Marcos Castagno, un amigo, y porque no decirlo, un protegido de mi gobierno. Merced a su ingenio, a partir del mismo 6 de julio podremos contar con la gigantesca cafetera parlante que será instalada en la Plaza de la Intendencia, para que todos los ciudadanos puedan servirse café gratis y consultar sus dudas sobre calles, líneas de transporte, números telefónicos, etc. Una verdadera maravilla de la que estoy personalmente orgulloso”……
“… no quiero despedirme sin antes decirles que siento una gran emoción por ser de esta tierra, por llevar a Córdoba en la sangre y por haber tenido la suerte de haberlos conocido, queridos cordobeses. Dentro de un tiempo, cuando sus nietos y bisnietos habrán los libros de historia, yo y ustedes, estaremos allí. No lo olviden. Entonces, habrá valido la pena tanto esfuerzo.
¡!!!! Hasta la victoria siempre, No pasarán; Verón vuelve, Las Malvinas son argentinas, Muerte a los salvajes inmundos unitarios…. Viva Juniors ¡!!!!
Luego la prensa y la publicidad hicieron su trabajo. Y la gente siguió comprando los diarios, viendo los noticieros y escuchando la radio, donde se hablaba de Córdoba como si fuera una suerte de Babilonia o una Atenas moderna.
Capítulo 21
Donde Leopoldo y Erdosaín navegan en la noche
Faltaban 2 semanas para que los festejos del V Centenario fueran una realidad, a pesar de los problemas que afloraban por todos lados.
La sequía reinante obligó a Leopoldo y Erdosaín a apurar el tramo final de su sabotaje. Para contarles sobre aquella noche en que se matricularon de terroristas, transcribiré textualmente párrafos de la bitácora de Leopoldo que hace referencia a la víspera del derrumbe:
“Un botecito en medio de la noche. Una barcaza avanzando entre la neblina y las estrellas. Si mirabas para un lado se veía la luna enrojecida. Si mirabas para el otro, eran las ruinas del Viejo Paredón emergiendo de las profundidades como el Coloso de Rodas. Erdosaín remaba pausadamente y canturreaba Caserón de Tejas: …. Barrio de Belgrano/ caserón de tejas/ te acordás hermano de las tibias noches sobre la vereda……
Yo fumaba un puro de cuarta , me echaba un trago de whisky para combatir el frío y me parecía estar en una novela de Jack London. Todo era tan irreal, pero al mismo tiempo tan cierto, que me sobrecogía pensar en lo que estaba haciendo. ¿Cómo habíamos llegado a semejante situación ? ¿En qué momento habría de terminar el juego ? Mientras las preguntas y las sensaciones me presionaban el pecho, la lúcida calma de mi compañero aventaba mis dudas y temores.
La sequía se notaba y vaya si era grande. Nunca habíamos visto al San Roque en semejante situación, pero era peor si seguíamos esperando. De seguir así, en pocos días no había una gota en todo el lago. El paisaje daba miedo. Tardamos una media hora en llegar hasta el Viejo Paredón. Gruesas paredes se levantaban como bloques inexpugnables y dejaban al descubierto una estructura maciza, pero al mismo tiempo bella. Tratamos de imaginar lo que debió haber sido en su tiempo. Nos detuvimos unos minutos, brindamos a la salud de Bialet Masset y Cassafouths y nos dejamos encandilar por la belleza de la noche”…..
….”Al alba ya habíamos terminado. Tuvimos la suerte de no ser molestados ni de ser vistos por nadie. ¿Quién se atrevería a pasearse con semejante helada por el lugar ? Poner los explosivos fue más fácil de lo imaginado. Hasta nosotros mismos desconfiábamos de la suerte. Recuerdo que Erdosaín decía a cada rato – ahora viene la cana y nos jode todo, me cago en diez. Eso decía, pero las horas pasaban y nadie venía. El San Roque era un páramo, un desierto de agua y algas habitado por nosotros dos, los más patéticos marinos que recuerde.
Colocamos las cargas en los lugares indicados, especialmente en la base del paredón, al otro lado del embudo; distribuimos los cables y conexiones y buscamos refugio en una de las colinas que están justo detrás del dique. Hacía un frío de muerte, pero allí estábamos: nerviosos, ansiosos y exultantes; cerca de cumplir con la misión y sin la más mínima sensación de culpabilidad: lo que no dejaba de ser horroroso”.
…”A las 7.30 accionamos los detonadores. El gran paredón se abrió de cuajo como una sandía. Daba pánico ver eso. Las explosiones secas y duras originaron un nube de polvo inmensa. Luego sobrevino un momento casi mágico, porque parecía que el dique se mantenía firme a pesar de las grietas. Estaba como pendiendo de un hilo, y entonces, de repente, cedió y cayó mansamente sobre el lecho del río. Enseguida las aguas comenzaron a fluir, primero mansamente para luego conformarse en una correntada respetable. Desde lo alto de la colina teníamos un gran panorama: si mirabas para un lado se veía al sol enrojecido, si mirabas para el otro podías ver al Suquía henchido de olas y de espuma avanzando entre las sauces rumbo a La Cañada”…
Capítulo 22
De cómo ocurrieron los lamentables sucesos de la inundación
Aquél 21 de junio amaneció con una suave y cálida brisa matutina, más propia de la primavera que del invierno. El cielo estaba despejado y el sol prometía un día radiante.
Recuerdo que la noche anterior no pude conciliar el sueño: los nervios ante el inminente atentado me impidieron pegar un ojo. Me debatía entre la lealtad a Leopoldo y Erdosaín, y el cariño hacia mi ciudad. Sabía que debía elegir entre una de ellas. Varias veces estuve a punto de llamar a la policía y alertar de lo que iba a ocurrir, pero finalmente no lo hice. Me puse a tomar mates. Eran las 8.00 cuando sentí un rumor lejano, mezcla de murmullos, de gritos y bocinazos. Estaba en la cocina y pegado a la radio. En el programa de la mañana todo se escuchaba como aquella famosa emisión radiofónica de Orson Welles sobre La Guerra de los Mundos: era un verdadero caos. El locutor hablaba casi a gritos sobre una explosión en el Dique San Roque, sobre su caída y sobre un lento avance de las aguas. ¿Qué aguas ? – pensé - Si el lago estaba más seco que mi cuenta corriente. Lo cierto es que el tipo pedía calma a la población y que no saliera de sus casas.
Un escalofrío me recorrió el cuerpo. Miré por la ventana y comprobé que todo seguía igual. Era prácticamente imposible que las aguas llegaran hasta la ciudad, y mucho menos a mi barrio ubicado en la otra punta, casi en la salida hacia Montecristo. A los pocos minutos el barrio era un hervidero: hombres, mujeres, niños y perros se agolpaban en la calle e intercambiaban opiniones y elucubraciones a cual más desopilante. Las radios y las televisiones escupían informaciones, a menudo contradictorias, sobre los sucesos. : se hablaba de un gran caudal que avanzaba por el Río Suquía, de una gran tromba de agua que había anegado la autopista Córdoba-Carlos Paz y de un desconcierto general que hasta el momento no se había traducido ni en muertos ni heridos. Algunos periodistas ya hablaban de la maldición de Bialet Massé, y otras tonterías por el estilo. Salían testimonios de testigos que afirmaban haber visto cómo el paredón se rajaba sin explicación alguna, otros hablaban de una fuerte explosión, y hasta había quienes atribuían la catástrofe a las siempre vigentes profecías de Nostradamus.
A mediodía, cuando la televisión empezó a transmitir las primeras imágenes, la cosa no parecía tan grave como sonaba por la radio, pero se iba perfilando un escenario patético y humillante para una Córdoba que solo estaba preparada para festejar sus 500 cumpleaños.
A las 2 de la tarde, me acuerdo bien porque estaba mirando el reloj, y porque además era la hora de mi remedio para la alergia, el Lago San Roque se quedó totalmente seco. Parecía una piscina luego de desagotarse. Barro, peces muertos, basura, barcazas hundidas, algas y un gran catamarán llamado Queen Jessica II conformaban el panorama desolador de ése hueco vacío, en el que solo desentonaba el Viejo Paredón del San Roque: parecía una catedral, una preciosa catedral en medio del fango.
Tomé mis últimos mates del día, me vestí y enfile con mi sydecar hacia el centro de la ciudad. Quería ver con mis propios ojos en qué había terminado la locura de Leopoldo y Errdosáin. No hacía falta ser un adivino para presagiar tiempos turbulentos y difíciles.
Capítulo 23
Donde El Gobernente y su Corte encuentran un fatal desenlace
Afortunadamente Córdoba no se hundió como la Atlántida, ni mucho menos. Fue peor: se inundó hasta la rodilla. Fue una inundación a medias. Sin embargo fue suficiente para que Leopoldo y Erdosaín festejaran el éxito de su empresa.
Los primeros balances no arrojaban muertos por la inundación, pero si algunos heridos leves, y muchos ciudadanos atendidos por ataques de ansiedad, que es como se le llama médicamente al cagazo en las patas.
La destrucción del Dique San Roque no fue justa con la leyenda popular que predecía una destrucción total de la ciudad: solo sirvió para sembrar el caos en un lugar que solo tenía pensamientos para fastos, homenajes y excesos.
Aquel castillo de naipes que Leopoldo y Erdosain descubrieron en su iniciático viaje de terroristas, se materializó en una ciudad quebrada y humillada por las aguas.
Era patética la imagen de Córdoba por aquellos días. Era como una inmensa Venecia, pero en lugar de góndolas y vaporettos; viejos botes, piraguas, colchonetas inflables, elásticos de cama, y otras precarias embarcaciones deambulaban por las calles, trasladando a improvisados navegantes.
La gente no entendía nada de lo que ocurría. Y las autoridades menos.
Nadie tenía explicación para lo que había pasado. Ya no se trataba, como en ocasiones anteriores, de saqueos a supermercados, de cacelorazos de piquetes en las calles y las rutas. Eso era algo bien distinto, y nadie sabía explicar quién o qué lo había producido.
La primera medida del Gobernente fue decretar a la zona como de catástrofe total, y solicitar la ayuda del gobierno central. Esa ayuda nunca llegó, porque Córdoba había presumido tanto de los grandes festejos del Quinto Centenario, que el resto del país se había sentido humillado de tanta vanidad. Una gran indiferencia fue la respuesta del Presidente y de los Gobernentes de provincias vecinas.
La inundación duró semanas, el tiempo necesario para transformar a Córdoba en un cadáver de ciudad. Nadie estaba preparado para afrontar algo semejante.
Los festejos del Quinto Centenario se suspendieron y las menguadas arcas públicas apenas tenían dinero para paliar la crisis.
Las fuerzas vivas no daban abasto para enfrentar el desastre provocado por cañerías destruidas, centrales eléctricas fuera de circulación, calles anegadas y rutas de acceso a la ciudad cortadas. Se suspendieron las clases en las escuelas, los campeonatos deportivos y los bailes de cuartetos.
La policía era poca para contener el pillaje y los actos de vandalismo que en cuestión de horas se extendieron por toda la ciudad y sus alrededores .
Cada día que pasaba se incrementaba el descontento popular y ponía al descubierto la incapacidad de las autoridades para resolver la situación.
Los partidos políticos se enfrentaron en una lucha sin cuartel para capitalizar el costo político de la tragedia y los medios de comunicación, que hasta días antes eran aliados incondicionales del Gobernente, cambiaron radicalmente de postura y lo atacaron sin piedad. Sin embargo ése giro camaleónico, no impidió que hordas de manifestantes furiosos destruyeran diarios, radios y canales de televisión y atentaran contra la humanidad de populares locutores, periodistas y presentadores de noticieros.
El agua había hecho estragos no solo en los cimientos materiales de la ciudad, sino en la moral y la entereza de cada uno de sus habitantes.
Mientras tanto, en la Capital, el Gobierno de la República contemplaba el espectáculo con total tranquilidad y manejaba los tiempos con la misma prisa que las resoluciones de la ONU. Su única colaboración fue enviar a efectivos de las Fuerzas Armadas destacados en Córdoba para que ayudaran a sacar el barro de las calles. Un trabajo para el cual los militares no estaban cualificados.
Al cumplirse dos semanas desde la caída del Dique San Roque, las aguas habían bajado totalmente, pero en su lento devenir, habían arrasado con la paciencia de su habitantes. El gobierno estaba en jaque mate. En un intento por ayudar a su jefe, La Unión de Trabajadores hizo lo único que sabía hacer: decretó un paro por tiempo indeterminado, que, como era de esperar, no tuvo ninguna utilidad práctica.
La misma masa que antes adoraba al Gobernente no tuvo contemplaciones a la hora de desalojarlo del poder.
En una medida desesperada por frenar el descontento de los ciudadanos, el Gobernente cedió tierras fiscales para nuevos asentamientos y hasta prometió una ley de reforma agraria y de nacionalización de empresas privadas y extranjeras que serían entregadas a los cordobeses. No fue suficiente. La gente estaba cabreada en serio y además no tenía tiempo para gestionar tierras inundadas y empresas deficitarias. Entonces manifestó su ira saliendo a la calle masivamente y exigiendo la renuncia de todo el gobierno. Nadie se lo impidió. El gobierno no tuvo más alternativa que ceder y entregar el poder, aunque no había nadie que quisiera tomarlo. Fue así como el poder quedó depositado en la Casa de las Tejas, sobre un papel escrito a mano, en la soledad de un escritorio. Y allí se quedó abandonado por varias semanas, hasta que la señora de la limpieza lo destinó al tarro de la basura.
El gobernente, su esposa, y todos los ministros huyeron en la medianoche del 6 de julio aterrorizados por un posible linchamiento popular. Consiguieron escapar de la ciudad, pero encontraron la fatalidad camino al exilio: el colectivo que los transportaba a Brasil, chocó cerca de Paso de los Libres contra un camión cargado de ganado. A excepción de 2 hermosos ejemplares de Abeerdenangus , no hubo sobrevivientes.
La muerte del Gobernente y su corte fue un triste y desgarrador final para una clase política que supo conocer las mieles del poder y del éxito.
Durante días el Canal Crónicas emitió las morbosas imágenes de una campera de cuero ensangrentada y un vestido de color beige, como único testimonio de los restos del pasaje.
Epílogo
De cómo comenzó la reconsrucción
Y de la noche a la mañana, esa Córdoba, que estaba preparada en cuerpo y alma para la gran fiesta de los 500 años, se encontró de repente en la puta calle, que para colmo de males, olía a barro, a cloacas y a basura.
Una verdadera anarquía política e institucional sentó sus reales a lo largo y ancho de la comarca. Hablando mal y pronto, se fue todo literalmente al carajo.
Sin gobierno, sin fuerzas políticas y militares que disputaran el poder, con una Iglesia retirada hacia sus posesiones en las sierras, abandonada por el resto del país; oliendo a humedad, con poca luz y reservas de agua de dudosa potabilidad, Córdoba apostó, sin embargo, a no morirse ni de hambre ni de pena.
Cientos de miles de habitantes emigraron hacia tierras más altas. Algunos eligieron las zonas de Cabana y Unquillo; otros las de San Antonio e Icho Cruz; muchos se mudaron hacia el este, generando un crecimiento demográfico importante en regiones vecinas, que otrora eran poblados marginales y olvidados por la administración central.
Muchos se quedaron a limpiar sus casas, rehacer los cimientos, sacar el fango y olvidarse de la cotización en baja de sus mancillados inmuebles.
Los lujosos countries de la zona norte que durante años habían sido la cara ostentosa de los nuevos acomodados, se habían convertido en pintorescos pantanos donde se asentaron grandes colonias de flamencos, cisnes y otras simpáticas aves.
Era una verdadera pena contemplar a Córdoba por esos días. Nadie hubiera imaginado algo tan patético y humillante, ni siquiera Leopoldo y Erdosaín, a quienes no volví a ver hasta meses después de aquellos acontecimientos.
La reconstrucción fue firme, pero lenta. Muchas cosas ocurrieron para que eso fuera así. No es ahora el momento de contarlas, que dará para otra oportunidad.
El tiempo es veloz, la vida esencial, decía el poeta, por eso hay que aprovecharla.
Los años corrieron tan rápido que los recuerdos se amontonan como diarios viejos. Mi nombre sigue siendo Lorenzo Portela, pero ya no soy un modesto periodista de provincia. Ahora soy un perfecto desconocido. Pero lo llevo bastante bien. Después de aquellos singulares sucesos, participé activamente en la reconstrucción de la ciudad y hasta me reciclé en un oficio que me causa gran placer.
Las cosas, sin ser una maravilla, están mejor que antes. Córdoba no cumplió sus 500 años, pero algún día lo cumplirá. Es posible que ese V Centenario llegue antes que la autopista Córdoba – Buenos Aires, o que el final de las obras de la Circunvalación.
¿ quién podría asegurar eso ? De todas maneras la vida siguió su curso y con él algunos de los personajes de nuestra historia:
Chez Caballé no pudo poner en escena La Biblia, pero aprovechó los restos del malogrado montaje y concibió un musical erótico basado en la vida del Dalai Lama, que tuvo un rotundo éxito.
Javier Pissano tomó el relevo del historiador Efraín Visconti como memoria viva de la ciudad. Está escribiendo un gran volumen de la historia de Córdoba a través de poemas, canciones, cartas, microfilms y SMS.
El arquitecto José Angel Piedra, ofendido por la humillación de sus conciudadanos, se fue del país y dicen algunos que está exiliado en la Isla de Pascua.
Chochi Oroño siguió guapa como siempre y se pasó varios años buscando sponsors para ese megadesfile con todos los habitantes de la ciudad. No lo consiguió, pero gracias a su empeño y curiosidad, descubrió lugares de Córdoba como Villa Libertador, Barrio Ejército Argentino y Ampliación Palmar, que la conmovieron profundamente. Ahora es una exitosa dirigente vecinalista, que entre otros logros, consiguió la provisión de gas natural gratis para numerosos barrios marginales.
Y el ex cardenal Francisco Primadonna, deprimido por no poder llevar a cabo su fastuoso musical en honor a su maestro del Opus, falleció a lo Alejandro Magno en las semanas siguientes a la inundación: en una gran bacanal y hasta las orejas de drogas, alcohol y rimel. En un primer momento la Iglesia quiso excomulgarlo, pero finalmente no lo hizo. Su nombre reemplazó al del General Juan Domingo Verón en la Sala Mayor de la Ciudad de las Artes. Al fin y al cabo, él cura había hecho más por las artes en sus últimos años , que aquél en sus 3 gobiernos.
A Leopoldo y Erdosaín los veo poco; de tanto en tanto cuando se dejan caer por aquí.
Desde que soy el bibliotecario de la Isla de los Patos casi no tengo tiempo. El trabajo se me amontona y la verdad es que me gusta mucho hacerlo, así que le dedico más horas de las que debo.
Ya demasiado tiempo he perdido escribiendo estas crónicas, que más pronto que tarde serán víctimas del tiempo.